lunes, 30 de noviembre de 2009

Tratando de no sentirse mal

¿A dónde vas a correr esta vez?

La última vez que estuve en el metro cuatro caminos fue cuando iba con un doctor naturista que se sentía la última señal de que Dios existía y él era su consejero. Movía una piedra y uno, anonadado, le creía todas sus mentiras.

Esta última vez fue durante una juerga que acabamos de noche ahi. No imaginas el miedo que sentí cuando se metieron al baño y me quedé sólo esperando a que salieran. Me sentí como cuando niño y esperaba fuera de algún centro comercial a que mi padre saliera del baño, sentía como era cargado por alguien que no conocía por las axilas, me sujetaba fuértemente de la boca para no gritar, aunque ganas no tenía de hacerlo, y corría rápidamente ante la impresión de todos pero su mismo silencio. Esa persona desconocida corría por los pasillos de carnisalchichonería, salía hasta la calle y me aventaba a un auto donde una chica hermosa me esperaba, me sujetaba todo y el hábilmente me ponía cinta en la boca. La cinta no me importaba, yo estaba tíbiamente recargado en sus senos y sus tersas manos, más que apretar mis antebrazos, me hacía sentir la primer caricia, algo ruda, de una mujer. Finalmente, nada ocurría sólo soñaba mientras esperaba la salida de mi padre y yo me observaba en un espejo de lo que antes se llamaba Aurrera y miraba las firmes piernas de una demoedecan de Vanart.

Mientras meaban, supongo, no creo que llegaran a más dentro de esa pocilga, mi cuerpo se estrujaba y volteaba rápidamente a todos lados en busca de ese alguien que no quería encontrar. Cuando salieron con cara de "he recibido la mejor mamada del mundo y tu no me la diste" corrimos desaforados hacía la calle de Roldofo Gaona.

Me sentí tan yo, con frio, borracho y sin saber que hacía ahi como el mal tercio que siempre fui, pero el mal tercio que siempre acababa cogiéndome a los dos.

Me paré en el cofre, lleno de impotencia, de coraje y de ansia, baje mi bragueta (ambos me miraron por primera vez con susto al bajarme el cierre) y deposité un gran chorro de lluvia dorada en el parabrisas, mojé mis zapatos y la valenciana de esos bonitos pantalones grises, caminé como pude por el parabrisas recién impregnado de mi orina, llegué al toldo, lo sumí y seguí orinando. Los pocos transeuntes me miraron espantados, algunos ni voltearon a ver al borracho que meaba su auto. Al terminar grité, bajé y ante sus miradas les dije: ¡ya vámonos!, siempre de manera algo autoritaria. En el interior del coche maloliente a orines me dijeron: si tenías ganas de orinar, ¿por qué no entraste a mear en cuatro caminos?

Que miserable

viernes, 6 de noviembre de 2009

Soy la sonaja arrojada una y mil veces

Este blog está hecho para mentirnos los unos a los otros. Tanto y de tal manera que no nos daremos cuenta y cuando volteemos, no sabremos que hicimos, que no hicimos, que nos dijeron que era verdad y peor, que estamos viviendo. Yo soy una completa mentira y decirles que confíen en mi es tan subjetivo como el amor. Ahora te creo/ahora no, ahora te amo/ahora no. Tampoco es un lugar para venir a azotarnos y purgar nuestro dolor.

Error...

Como tantos en mi vida, como todas las decisiones de mi vida.

Mi padre dice que no cometo errores, que tan sólo vivo y adquiero experiencias de las cuales tengo que aprender. Pero, ¿qué sucede si realmente no estoy aprendiendo ni asimilando nada?

El devastador y aplanador futuro vendrá a cobrar factura algún día por todo lo que he hecho mal. Por todas aquellas lágrimas que he provocado. Por todos esos sueños frustrados. Por todos esos golpes mal dados.

Y donde están tus golpes.