martes, 29 de diciembre de 2009

El exceso de tu ausencia

Siempre tuve una vida llena de excesos. Todo mundo me lo dijo. Tu fuiste el más grande de todos esos excesos. Y pensar que veíamos las cosas tan al revés.

Hoy estoy tan emputado que muchas ganas me dan de salir y mentarle la madre al primer pendejo que pase, después otro y otro más, terminar partiéndome la madre con todos a la vez, sacar la puta ira y, finalmente, acabar echo un mar de sangre, contento, satisfecho, desdentado y cansado, tan cansado para recordar porque he hecho tanto y nada.

La última vez que te vi estabas tan radiante que me dio coraje. Envidia es lo que realmente sentí. Pensé en cómo no he podido dejarte pasar aún después de todas esas gatas que se han atrevido a deslizarse por esas sábanas tan blancas. Tu has hecho lo mismo, no puedes negarlo. Han sido tantas las que te has montado que ya ni recuerdas el número. Todavía recuerdo tu vieja habitación con colchón en el suelo y tu libro con autógrafo de Javier Marías, era tu peor tesoro.

Estoy molesto que ni Iggy me quita el puto coraje, estoy viendo a la gente pasar con sus vidas bajo el brazo y yo sólo me molesto más porque no puedo con nada, con mi cuerpo que envejece y que le veo crecer de donde no debiera hacerlo.

¡Es momento de café!

lunes, 28 de diciembre de 2009

Falso

Si existe alguien a quien podría mostrarle mis borradores, decirlo lo mal que me siento, lo incómodo con la vida, la falta de expectativas y lo mal que me hace este sentimiento de que le he fallado es a Falso Contreras.

Como te extraño, cabrón!

martes, 1 de diciembre de 2009

Recursos Humanos

Al llegar le pregunté al oficial encargado del ingreso por la recepción de documentos, sin emitir sonido señaló la larga fila que daba la vuelta ya a la manzana y terminaba justo donde empezaba. Cabizbajo me formé esperando ver como uno por uno avanzaban los más de dos mil aspirantes al puesto, pensé que no tenía posibilidad alguna de quedarme pero que tal vez mi lengua suelta en la entrevista ayudaría, tal vez mi seductora mirada y mi lasciva manera de acercarme a mis entrevistadores, sin importar sexo, serviría de algo.

A lo largo de la fila encontré hombres tatuados que intimidarían al más gañán, reggeatoneros perdidos que creían que ahi se regalarían boletos para algún festival excéntrico lleno de sexo y movimientos esquizofrénicos de cadera, aspirantes a actrices porno que cargaban sus objetos de cuero para golpear y sodomizar a esos pequeños cuerpos llenos de cicatrices y placer. Otro grupo, el menos numeroso, era al que yo pertenecía: cabello engomado, corbata delgada, sueter, pantalón sin pinza y zapatos con suela de cuero.

Ya dentro, los hechos a mi semejanza se reunieron en rededor mio, todos iguales, ninguno distinto: misma marca de zapatos, misma corbata, mismo sueter de botones y seguro ocupaban la misma esencia y la misma marca de goma para el pelo. Éramos trece conmigo, les dije que yo, al ser el primero en ingresar, lucharía sin importar nada por esos trece puestos vacantes ya que eramos los más hábiles. Antes de entrar nos habían ubicado en una mesa, Maggy, como de cariño le nombrábamos a Magdalena, había desarrollado un interés especial en mi, era tan encantadora como seductora y siempre estaba justo detrás de mi y el pequeño roce de sus senos, firmes y joviales, me daba ánimos para seguir, sin importar lo que sabía que vendría.

continua...