martes, 1 de diciembre de 2009

Recursos Humanos

Al llegar le pregunté al oficial encargado del ingreso por la recepción de documentos, sin emitir sonido señaló la larga fila que daba la vuelta ya a la manzana y terminaba justo donde empezaba. Cabizbajo me formé esperando ver como uno por uno avanzaban los más de dos mil aspirantes al puesto, pensé que no tenía posibilidad alguna de quedarme pero que tal vez mi lengua suelta en la entrevista ayudaría, tal vez mi seductora mirada y mi lasciva manera de acercarme a mis entrevistadores, sin importar sexo, serviría de algo.

A lo largo de la fila encontré hombres tatuados que intimidarían al más gañán, reggeatoneros perdidos que creían que ahi se regalarían boletos para algún festival excéntrico lleno de sexo y movimientos esquizofrénicos de cadera, aspirantes a actrices porno que cargaban sus objetos de cuero para golpear y sodomizar a esos pequeños cuerpos llenos de cicatrices y placer. Otro grupo, el menos numeroso, era al que yo pertenecía: cabello engomado, corbata delgada, sueter, pantalón sin pinza y zapatos con suela de cuero.

Ya dentro, los hechos a mi semejanza se reunieron en rededor mio, todos iguales, ninguno distinto: misma marca de zapatos, misma corbata, mismo sueter de botones y seguro ocupaban la misma esencia y la misma marca de goma para el pelo. Éramos trece conmigo, les dije que yo, al ser el primero en ingresar, lucharía sin importar nada por esos trece puestos vacantes ya que eramos los más hábiles. Antes de entrar nos habían ubicado en una mesa, Maggy, como de cariño le nombrábamos a Magdalena, había desarrollado un interés especial en mi, era tan encantadora como seductora y siempre estaba justo detrás de mi y el pequeño roce de sus senos, firmes y joviales, me daba ánimos para seguir, sin importar lo que sabía que vendría.

continua...

2 comentarios:

  1. No se como seguir pero tengo algunas ideas... ¿gustan ayudar? qué pregunto si nadie lee esto :P

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  2. llegan unos ninja y secuestran a los presentes, parece que buscan algo, pero nadie está seguro. tú desarrollas el síndrome de estocolmo hacia alguno de ellos: el de la voz firme y filosa.

    el final es triste.

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