miércoles, 20 de enero de 2010

Victoria

Y se abrieron las puertas ante su ser, el cerrojazo fue impedido... todo estaba a sus pies.

¿Qué sucede cuando eres una persona acostumbrada a perder y no tienes la certeza de la obtención de una victoria? Siempre he perdido y nunca he ganado... lo que la gente llama victoria está tan lejos de ser tangible y próximo a mi de la misma manera en qué la mujer "testículo de Jehova" que todos los domingos me despierta por las mañanas, está tan cerca de su soñado falo, ese mismo que no le deja dormir y hace que un líquido viscoso, espeso y de un olor excitante emane, penosamente, de entre sus piernas.

Soy como el defensa camisa número 4 que en toda la campaña no ha sido superado por el delantero rival y qué, al ser campeones, no se le reconoce el mérito de ser duro y fuerte como una pared.

Soy como el empleado de mostrador en las zapaterías la luna que permite se eleven las ventas gracias a su verborrea fascinante y la manera en que pone el zapato en el pie de varicosas jovencitas de la zona oriente de la ciudad capital. Polvorientos zapatos para polvorientas calles. El gerente se adjudica el gol ante el grasoso patrón.

Soy el burócrata que crea, a fuerza de desvelo, un plan nuevo de trabajo a desarrollarse en esa vieja oficina oxidada por los sacos de solapa ancha, la música de Sandro y perfume Drakkar de 1982, que a regañadientes es aceptado por el jefe para que él después se pare el cuello frente al jefe de departamento.

Nunca fui, como la mayoría del clase mediero frustrado y agazapado, enseñado a ganar. Más bien estoy amaestrado a guardar silencio. A meter las manos en los bolsillos de la decepción y agachar la cabeza ante la hidra inmisericorde dueña de la verdad más mentira que ninguna y yo, por mientras, miro el poco lustre de mis zapatos al tiempo que me trago toda mi inseguridad y mi coraje para ir a depositarlo en la noche a mi mujer y a mis hijos... a mis hijos a manera de golpes y gritos bañados de saliva con hedor a alcohol y a mi mujer en pellizcos por todo el cuerpo, mordidas salivantes y manos duras como piedra por su cuerpo desatendido, durante un frustrante acto amoroso para ambos. Ella deseosa de telenovelismo nacional y yo deseoso de ideales y prototipos tan próximos a "América" y tan lejos de Cabeza de Juárez.

Se perder. Nunca, jamás... he entendido el concepto de victoria.

2 comentarios:

  1. la tetona hija de puta te avienta el rancio SUV propiedad de un pendejo relamido con más deudas que las grandes corporaciones gringas, y todavía te insulta con una rabia increíble y si alcanzara escupiría en el parabrisas de tu pequeño sedán (ni siquiera haz podido arreglar el golpe que le propinaron hace meses cuando por primera vez en tu vida brincaste y también aventaste lo tuyo).
    la ves largarse,
    te sientes culpable.

    ResponderEliminar
  2. la vida es una caca de perro con diarrea :(

    ResponderEliminar