miércoles, 5 de mayo de 2010

Insomne

En que momento me perdí y terminé escuchándote mientras estoy sentado en la taza del baño y sin papel higiénico.

El dolor es impresionante. El aire espeso que no me permite ver. Caliente y asfixiante. Casi completa obscuridad con una tenue luz roja ambientando. Humo que calienta más el lugar, olor a cigarro. Estoy ligeramente borracho, lo suficiente para caminar de lado y lo suficiente para acordarme de esto mañana. Sudo, sudo hasta de los pies y toso, toso con fuerza como si me ahogara y aspiro el poco oxígeno que queda en el lugar. Mi piel está caliente, no es ese calor sexual que quisiera (aunque creo que ese calor ha pasado hasta un tercer plano). Comienzo a entender que me estoy volviendo loco porque comienzo a escuchar las voces de antes que intentan guiarme, tal vez desviarme. También pierdo fuerza, la falta de cordura me hace perder la fuerza. Olvido porque estoy aqui... ¿por qué estamos aqui...? Estoy perdiendo el sueño y me estoy perdiendo a mi mismo de mi mismo y de los demás. A veces quisiera reírme de todo y tomar un café, el que nunca me invitaste, y pensar que sigo siendo de ti...

Entro al baño para intentar refrescarme, me observo y no soy al que estoy viendo; -¿te ha sucedido lo mismo?- te pregunté hace mucho tiempo y dijiste que no. Me embarro toda el agua que más bien parece engrudo, me duele cuando toca mi piel, la que siempre despreciaste. Vuelvo a verme, se que hice mal y no se como remediarlo porque tampoco se qué fue lo que hice mal. El intendente estira una toalla aspera que hace arder mis pómulos y tengo miedo de volver a mirar al espejo y ver a ese desconocido que se supone que soy yo pero que estoy seguro que no soy yo. Estoy desesperado de no saber que hacer, de tu distancia y de tu indiferencia. Estoy intentando pero tampoco creo intentarlo demasiado.

¿Hice algo mal? Te extraño como se extrañan los zapatos viejos. Pero también me engañaste, aún cuando dijiste que era un privilegio ser engañada por mi. Al salir siempre supe que estaba sólo. Tus viejos cuidados y esa vieja ocasión en el sótano de nuestros recuerdos, de nuestra cabeza, quedaron olvidados... por ti, no por mi. Yo aún recuerdo cuando dijiste que era perfecto. Ahora en dónde quedaron esos susurros y el frio de la mañana. Todo es calor, asfixiante y enfermizo; todo es calor, hiriente y confuso.

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