miércoles, 22 de septiembre de 2010

¿Por qué tardó tanto doctora...?

El charco de sangre ya ensució mis zapatos además de el pequeño tapete que está debajo de la mesa de té.

martes, 7 de septiembre de 2010

Política del remiendo...












Soy un enorme costal mal remendado lleno de recuerdos, recuerdos (que como siempre he dicho) de vivencias que nunca me sucedieron ni estuve cerca de haberlas llevado a cabo, recuerdos llenos de fantasías y sueños despiertos de amores pasionales, de soledad enloquecedora y de victoria gloriosa. La calle grita melancolía y yo, en medio del tráfico, soy el único que la escucha.

Lo único bonito de vivir en el tráfico ahora que recorro grandes distancias es ver a los conductores y a los transeuntes. Ayer, durante bloqueo que exigía que los profesores de alguna escuela acudieran con mayor periodicidad a dar su cátedra, grité: ¡búsquense un trabajo y dejen de fastidiar al pueblo! y exploté en risa, tanta risa que lloré; mientras, los demás lloraban de coraje porque se les hacía tarde para llegar a sus empleos o lloraban porque su coraje era tal que estaban a un milisegundo de atropellar a los indignados padres de familia. No sucedió.

Hoy recorrí otra ruta, larga como pocas y llena de historia. Cines viejos que ahora son agencias automotrices, montones de personas llenas de arrugas como yo, signos de la batalla cotidiana contra el aburrimiento y la depresión. Pensé: ¿cuál será el remedio para ti y para mi, para ser felices y ya no decir felices, poder estar un poco más tranquilos y en paz? No encontré respuesta, me convencí de que no tenemos solución y necesitamos (porque hemos creado una necesidad) seguirle llorando al pasado, ese mismo del que nos quejábamos cuando era presente y ahora extrañamos. Seguir sientiendo que se murió, como cuando mi mamá (que en realidad es mi abuela), y seguir pensando que sigue conmigo y que me sigue consintiendo como a ningun otro de sus nietos y a ti también, porque siempre tuviste un espacio en su corazón. Aunque el pasado no me consintió ni cuando era presente ni ahora como pasado. Y veo que cumples 36 años en unos meses y no se que pasará cuando me toque a mi cumplirlos. Los veo tan lejos, pero están justo a la vuelta esperándome para decirme: ¿te acuerdas del 2010 (año del bicentenario) cuando te acordabas de 1997 y del 31 de diciembre de 1999 cuando el mambo de Pérez Prado en el Zócalo y tu llanto ahogado por tanta hipocresía? Pues ahora, a tus 36 sigues siendo el mismo niñete que en el 2010.

Esa es la política del remiendo. Todo está construido con base en adherir pedacitos sobre lo que está mal construido: un brazo aqui, una pierna aca, un poco de semen seco por allá y más excremento por aca y muchos sensaciones en donde no deberían de estar.