domingo, 24 de octubre de 2010

Sobre rechazos

Rechacé la mejor invitación hecha en años.

Acabó de ceder el asiento del metro, estación General Anaya. Mujer mayor, gafas obscuras y sonrisa amable. Dice: Gracias mi vida, se sonríe y después me pide perdón por decirme "mi vida" argumentando que si fuera con mi novia (sonora carcajada) le habría tomado por sus blancos cabellos hasta dejarle calva. Dos segundos después me estaba invitando a Moneda a escuchar un grupo coral (para mis adentros me decía que en Moneda sólo conozco buenos camellos, reggeatoneras de pantalones abrúptamente ajustados y sexo sucio y maloliente). Tuve que rechazar la invitación argumentando que me dirigía zombiemente al trabajo.

Me habría encantado hacerle compañía y que ella me hiciera compañía en domingo. Habría sido burla de los camellos, pero habría despertado cierta lujuria en cierta mujer que me mira de reojo en algunas ocasiones. Ya será para cuando vuelva a ceder el asiento.

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