jueves, 9 de diciembre de 2010

Por los caminos del sur...

Y voy siguiendo un lucero y ese lucero eres tú...

Hoy entré a esa vieja estación que nos iba a ver zarpar hacia Veracruz hace más de veinte años. Desgraciadamente no tuvimos los güevos suficientes para irnos y nos quedamos viendo los trenes pasar. Nos sentamos en una de tantas desvencijadas bancas a observar los trenes pasar mientras guardábamos silencio y secretamente pensábamos que estábamos perdiendo la oportunidad de nuestras vidas. Años después dejaron de circular los trenes en corrida comercial y nos quedamos con todas las ganas del mundo.

Hoy volví a estar en esa vieja estación, me acordé de ti y me acordé de mi, veinte años atrás. Nuestra falta de agallas y ahora sí me subí al tren, aunque el raite no fue tan largo como habría querido, no pasé de Tlanepantla. Al mirar por la ventana nos imaginé viendo a lo lejos el grisaceo característico del mar veracruzano y también imaginé nuestros reflejos excitados en el vidrio. Te extrañé.

Cuando regresé un mensaje en la contestadora tuyo me recordó que todavía te acuerdas de mi. Misteriosamente estabas a dos cuadras de donde yo fui, te acordaste de mi pero me pediste que no te regresara la llamada.

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