martes, 27 de diciembre de 2011

Ausencia

Cuando Bregovic tocó Ausencia en el Teatro de la Ciudad lloré. No pude evitarlo y corrieron las lágrimas. Recordé cuando también lloré con Underground y el llanto de Marco Zuluaga en Hable con Ella. No soy alguien a quien le guste que lo vean llorar pero no me importó.

Ahora que Evora está muerta un pequeño dolor en el estómago me embriaga. Es como si la muerte anduviera rondando este lugar. Hace apenas unos días también leí una sinópsis que decía: cuando el pensar como morir te hace comenzar a vivir. La muerte y la fascinación que tengo por ella...

El fin de semana fue de un mar de sensaciones. Una abuela me hizo sentir nieto nuevamente. Recordé a la que no le lloré su ausencia físicamente, pero que espiritualmente le he llorado por muchas noches y muchas tardes en las que no he tenido su consejo y su apoyo. Pero esa otra abuela que no es mía, me hizo sentir ese calor que sólo ellas pueden dar: las dos manos sujetas y el calor y las palabras sabias que sólo los viejos saben dar, después el calor de un abrazo sincero  sin pretención alguna sólo brindando calor. Irremediablemente de camino a casa recordé a mi ausente y lloré, como cuando Bregovic y como cuando no le pude llorar y no me paré en su despedida.


lunes, 26 de diciembre de 2011

Egoísmo

Siempre me dijeron que era un egoísta de alto pelo, siempre pensé lo contrario y a la fecha lo sigo pensando. En últimas fechas el egoísmo ronda mi cabeza con fuerza, tanta que siento que me golpea.
Me da miedo pensar que busco el reconocimiento de las personas. Hoy por la mañana en medio de la ducha lo sentí y me desconcertó un poco. ¿Cómo es posible que alguien que está acostumbrado a dar por amor, busque el reconocimiento en los actos de las demás personas?

Están destapando la coladera de mi interior y están saliendo todo tipo de asquerosidades que no me conocía. ¿Cómo lidiar con aquel que eres y que no sabías que lo eras o que siempre intentaste ocultarlo? Me está costando trabajo pero por primera ocasión en mi vida estoy decidido a no dejar las cosas inconclusas, quiero quitar de mi biografía personal la única palabra que llena mi vida: inconstancia.


Dudas...

jueves, 15 de diciembre de 2011

Bilongo...

La recta final de la versión de La Negra Tomasa de Los Caifanes es de una belleza sin igual. Además de remitirme a mis niñez, esa niñez solitaria, llena de recuerdos agridulces pero hermosos, esa niñez ochentera, en la que nada ni nadie sabía que existíamos; esa de programas infantiles radiofónicos, esa de cariños por parte de gente adulta, de pocos amigos y de muchas sensaciones. Eso es el famoso Bilongo. Es un encanto, es un embrujo, es un juego de hechiceros nocturnos, taciturnos, de movimientos lentos, acompasados como el sexo, como una pelea, como caminar lentos y parcos por la noche en algún barrio bravo, en alguna callejuela desconocida, en tus piernas, en tus nalgas y en tu espalda; barrio bravo por antonomasia. Si, es referencia sexual, abierta y puerilmente carnal. Invita a recorrer cuerpos y a sentir pieles llenas de arrugas, de la inclemencia del tiempo. De saliva apagando el fuego enterno del cuerpo caliente aún en medio del frío. Es la exquisitez de la unión de opuestos. El himno de la oscuridad a la que me remiten los ochentas, como una película en blanco y negro me parece esa hermosa década, la que, erroneamente, me vio nacer, me vio crecer y me vio forjarme. Epítome de una de las bandas más importantes de la música mexicana.

El cerrar círculos me ha costado casi la vida misma. Ha sido el acto de NO escapismo más complejo de la historia de la humanidad sobre todo para alguien que, como yo, estaba acostumbrado a escapar, a olvidar y a dejar un desmadre atrás conforme iba pasando o corriendo (según era el caso). El viernes ha sido el que hasta el momento más me ha costado trabajo. Traer los ojos vendados y andar por la vida caminando tranquilo sin querer ver, es el mayor acto de vileza emocional y personal que pueda existir. Cuando los abres y te das cuenta de que estás traicionando a todo lo que crees, todo lo que eres y todo lo que pensabas que era correcto, la moral se va hasta el suelo y los pensamientos revolotean fatalistamente. El darte cuenta que la música forma parte de algo que no eres, que nunca fuiste y, que en algunas ocasiones, intentaste ser sin realmente quererlo, el golpe atestado es durísimo. Sentí que el más grande de los púgiles (esos salvajes seres antinaturales hinchados en músculos y negritud casi divinas) tendía sobre mi su más ágil gancho, su upper más atroz y que su izquierda, siempre pendiente de cubrir la zona hepática, ni siquiera estaba en guardia, golpeaba sin rigor. Cuando besé la lona de los circulos que se cierran y pensé que iría directo a la morgue sin pasar por enfermería, tu mano me sujetó. Mis ojos hinchados en llanto y sangre no me permitían ver bien a distancia. La sanación del que cura con las manos me tocó. Pero esta fue la sanación de la que cura con los ojos, con las manos y con el olor. Tu cabello se entrelazó con mis heridas purulentas y sané de a poco. Gracias por haber estado en ese momento tan complicado, tan del pasado, tan del adiós y del hola al mismo tiempo. Discúlpame por haberte expuesto a la golpiza, pero a la vez agradezco tu valor para no haber dado ni un paso atrás, por haber estado ahí, al pie del cañón, hasta el final. Por haber soportado eso de lo que tanto nos quejamos, por lo que tantas veces hemos vomitado. Sin ti en ese momento, sin ti en estos momentos, simplemente seguiría vendado, con el hueco en el estómago, pero sin el valor para confrontar nada. Te llevas el crédito de la dirección de esta película interminable, infinita.

Me ayudaste a cerrar otro círculo como aquel cuando me jalaste y cerraste la puerta, afuera se quedó uno, bien cerrado y dentro nos quedamos tú y yo, disfrutando del presente como nunca lo había hecho...

viernes, 2 de diciembre de 2011

Es mal tiempo para soñadores...

If I could see something
You can see anything you want boy
If I could be someone
You can be anyone, celebrate boy
Well if I could do something
You can do something
If I could do anything...

But... can you do something out of this world?

No big deal...

Abro el closet y no me pongo lo primero que encuentro, busco esa vieja camisa negra que caminó por tantos lugares hasta cansarse conmigo, de mi. Me sigue gustando, el negro sigue siendo parte de mi. Al tocar mi torso desnudo, el frío de el algodón y el olor a humedad se junta con el candor de mi piel y lo áspera de ésta. Mi piel no es la más cuidada pero tiene lo suficiente para satisfacer al más exigente. Al ir insertando cada uno de los botones en su respectivo lugar el olor a satisfacción se esparece por todas esas neuronas faltas de serotonina. Pienso en ti y en como me recibirás, me miro al espejo y mis cansados ojos aprueban lo que ven, ligeros nervios siento, pareciera que me estoy vistiendo para mi funeral o para matarte. El calzarme los zapatos es tan duro como ponerme pantimedias; ahora respeto más a las mujeres que sudan gota a gota en el duro ejercicio de enfundarse en medias. Vuelvo a pararme al espejo y roto mi cuerpo un cuarto para verme por completo. Miro mis zapatos lustrados, mi pantalón que se ciñe a mi cada vez más delgado cuerpo, acomodo un poco mi rebelde cabello y unto un poco de crema para después de afeitarse. Me acerco y toco mi barbilla, deciendo por el cuello y observo algunos lunares, casi no me reconozco, se que ahí dentro está el mismo que hace años usaba esta misma camisa con diferentes intenciones que las de ahora; trato de encontrarlo, urgo en la mirada, nos observamos, estamos los dos frente al espejo pero no alcanzo a identificar que es lo que quiere, que busca. Lo encaro y lo reto. No pierdo detalle de su mirada, ligeramente brusca y burda. Hasta donde yo recuerdo mi mirada estaba cansada y ligeramente caprichosa. La de él es agresiva y violenta, dura como la de mi padre. Doy un paso para atrás y ambos comenzamos a tocarnos, al mismo tiempo tocamos nuestros penes, subimos y mostramos la hebilla del cinturón, revisamos el abultamiento del vientre, rodeamos el ombligo y recalamos en las costillas, más notorias las de él que las mías. Me volteo porque sentí tu respiración detrás de mi, al volver con él, ahí está, regresando la vista de su espalda hacia mi. Me vuelvo a acercar hasta casi besarnos, se tocan nuestras narices, fría la de él, calida la mía. Le toco y me permite hacerlo, me quedo en sus ojos, sus oidos y el lunar que está debajo de su ojo izquierdo; él hace lo mismo conmigo. Comienza a llorar e intento calmarlo sin resultado positivo, se da la media vuelta, se desnuda frente a mi y hasta entonces escucho tu voz que le invita a volver a la cama. Antes de hundirse entre las cobijas me regala una sonrisa y entonces veo como tus manos le tocan la cara, tu nariz recorre su cuerpo oliéndome. Volteo a mi cama y no estás, me desnudo, me descalzo y vuelvo a la carga sobre mi colchón. Espérame que llegaré un poco tarde, se que tú todavía estás dormida.

martes, 29 de noviembre de 2011

Apuntes para perderse en la Ruta Karheiba (vol. 1)

Me quitaste el vendaje de los ojos y al hacerlo la inmensidad me abrumó. La historia del que alguna ocasión fui, caminando por entre la espuma marina, me erizó toda la piel. Sentir como estás al pendiente de mis pasos, al pendiente de mis miradas y de mis anhelos me llenó el corazón. Cuando comenzaste a caminar por entre tus letras, con un poco de temor por la oscuridad de tus pensamientos y la incertidumbre de mi reacción, me hizo sentirme más vivo que nunca. Bajaste la luna, le amarraste un pequeño cordón a uno de sus cuernos y el otro extremo del pequeño hilo lo amarraste a mi dedo anular. A manera de anillo me regalaste la luna y yo como infante que me sentí volqué mis sentimientos y mis lagrimas como agradecimiento. Has hecho darme cuenta de mis errores y quiero aprender de ellos y sobre todo de ti. Estás poniendo un poco de saliva en cada una de mis heridas y sanándolas como cuando éramos pequeños, como cuando nada dolía. Me has enseñado que también puedo lastimarte pero que con un poco de convicción y agallas puedo ponerle también un poco de saliva a tus heridas y hacerlas sanar, hoy aprendí a como no volver a hacerlo, a procurarte felicidad.

Quiero crecer contigo, quiero verte alcanzar tus metas, quiero impulsarte a lograrlo. Y esté en la posición que esté, siempre vas a contar con mi amor y mi devoción...

(si, puntos suspensivos por todo lo que falta. Ésto, ésto va hasta el infinito...)

lunes, 21 de noviembre de 2011

Swallow me...
Everything is alright
Ill be the one
Who keeps you up at night
And if you leave
I can guarantee
You will find 10 million
Guys like me


Sea Swallow Me by Cocteau Twins on Grooveshark

jueves, 17 de noviembre de 2011

Le vendería mi alma al diablo por encamarme contigo hasta que salga el sol de mañana. Pero como vender el alma no es poco, me pondría exigente y sería, cuando menos, hasta el lunes. Después de eso que haga el pinche Diablo lo que quiera conmigo...
Pues nada, que me encuentro con esto y que escribo lo primero que se me ocurre acerca de la nostalgia moderna.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Y llegó Joaquín Sabina en medio de un beso inmenso, impresionante. Después vinieron los despojos y los susurros ahogados, las respiraciones entrecortadas y las puertas de los baños azotándose. El frío de la noche con pies descalzos, contigo dormida y tu respiración profunda como tu mirada; conmigo soñándote despierto y tú frente a mi, soñando...

Y llegó Joaquín Sabina en medio de una improvisada pista de baile. De una fiesta casi malograda. De una fiesta triunfal llena de excesos. Llena de palabras obscenas para volver a atacar. De regaderas inmóviles, fieles testigos mudos pasionales al igual que el suelo que nunca sintió desnudez alguna...

Y llegó Joaquín Sabina cuando se prendió la luz del baño. Cuando mi paranoía me hizo sentir que alguien entraría y me emocionaba más. Al momento de mi excitación agonizante, exultante, desbordante...

Y llegó Joaquín Sabina en medio de una conversación y un beso que nos mareó; a ti más que a mi, pero nos mareó a ambos. Remedios para no dormir, remedios para culminar, remedios para bajar una mayúscula seña de ebriedad...

Y llegó Joaquín Sabina cuando no pudimos dormir por un arrebato fugaz, un arrebato lleno de fuego en medio del frío que quemaba las entrañas. Pero tú y yo nos cobijamos el uno al otro, caminando como un buen par de ebrios en medio de la nada con la luna como foco y unos escalones cuasi asesinos...

Y llegó y llegaste y llegamos. Ahí nos quedamos o cuando menos eso quería. Después dormiste y dormiste y dormiste y yo te contemplé con un pitillo entre los labios jugándolo como si fuera la punta más punta de tu cuerpo. Te acomodé, te hice a mi antojo y tu sueño fue más voraz que cualquier maña mía. Me encelé de Morfeo pero supe que esta ocasión me tocaba perder. Continué con el único ejercicio que me se de memoria: el de contemplarte...

viernes, 11 de noviembre de 2011

Who do you love...?

La última ocasión que escapé del internado fue para ir a buscarte. No estuviste, como siempre, e hice coraje y aspavientos. Trepé cuesta arriba la pared como araña vulgar y vil. Sortee los obstáculos para poder decender y con la ira y la respiración agitada rompi el vidrio de una de las ventanas para poder entrar a tu habitación. Ya dentro, la mano ensangrentada y la frente empapada de sudor, me despojé de la bata blanca y busqué entre tus ropas por algo que pudiera quedarme. Pantalones negros, camiseta sin estampados y algo que me identificara contigo: aretes. Comencé a buscar la documentación que habías alterado y puse todas las cosas de cabeza. Recordé los años en que así lo tenías porque querías, parecía que a diario yo entraba a hurtadillas a recorrer tu ropa interior y husmearla como husmean las ratas entre la basura.

Come on, take a little walk with me

Por error tropecé con tu cama, con tu olor, con tus sábanas: que bien hueles, me dije a mi mismo... todavía hueles un poco a mi. Y con la exitación de tu olor, del calor de las sábanas comencé a jalármela intempestivamente, con tal fuerza, con tal ira, que las astillas del vidrio que aún tenía enterradas en la mano comenzaron a clavarse con la fuerza de tus dientes. Sangré profusamente y manché tus sábanas. Me asustó un poco el rojo impregnado en la espesa blancura de ese lugar en el que más de una ocasión te vi dormir, te vi revolcarte conmigo, contigo misma. Escuché ruidos y pensé huir. Un golpe atestó la parte posterior de mi cabeza. Colapsé.

Just twenty two and I don't mind dying

Al despertar estaba atado, ensangrentado aún y medio desnudo. Mantenía puestos tus ajustados pantalones negros pero el torso lo tenía desnudo, la oscuridad no me permitía ver absolutamente nada. Recordé las veces que miraba por el quisio de la puerta husmeando tu olor, husmeando tus pasos. De pronto sentí algo que presionaba el colchón justo en medio de mis rodillas, después un tacón se apoyó en mis piernas y un fuerte dolor atacó mi pecho, caí desmayado del dolor.


The night was dark and the sky was blue
Down in the alley and an ice wagon flew
Somebody screamed
You should've heard what I've seen

Desperté con un fuerte dolor de cabeza y la mano curada. Mi posición fetal daba señales de un frío asfixiante, casi asesino. La gente pasaba y me miraba con desconfianza. Alguien a quien tenía años de no ver me reconoció y por un momento juré que se acercaría a ayudarme pero le ganó el grandulón de zapatos lustrados y saco de solapas anchas que me auxilió. -Te estuvimos buscando toda la noche, me dijo. -Alguien entró en tu oficina, hurgó entre tus papeles pero no se llevó nada; sólo revolvió tus pertenencias personales y robó algo de tu ropa. Te creíamos muerto. Tu habitación está llena de sangre  y lo único que encontramos fueron unos aretes negros sobre la cama.


Oh! you boy, don't you understand?

domingo, 6 de noviembre de 2011

Amores que matan nunca mueren...

(O qué bien te ves con esas medias negras y los ojos ligeramente delineados)

Vente a dormir conmigo porque no tengo ganas de hacerlo solo. La noche no tiene ganas de cobijarme y nadie lo hace mejor que tú. Los rasguños en tus manos y piernas serán cubiertos y sanados por estas manos, a veces terzas, a veces rudas; serán justo como tú las necesites.

Quisiera amainar tu desesperación y tu estrés pero no se como. Intento e intento pero todas esas ocasiones se quedan sólo en intentos fallidos. Hoy no dormiré pensando en acertar en el blanco, cuando lo haga explotaremos y nos daremos cuenta que todos esos disparos que no acertaron fueron parte de vivirte, de vivirnos y de vivir.

No dejo de pensar en todo lo que vertí en mis sueños, tan llenos de erotismo como de calma paz. Quiero dejar de tener estas pesadillas que sólo hacen que me duela el estómago y que, finalmente, pueda mostrarme como tantas veces sólo tú has logrado verme: pleno.

No quiero que amanezca ni tampoco que anochezca. No quiero que termine de sonar la misma canción de Miguel Bosé. No quiero colgar la bocina del auricular y tampoco quiero cerrar la puerta. No quiero irme sin decirte que te amo y no quiero decir adiós. No quiero llegar al vacío de las habitaciones sin olor. No quiero lunes con desvelo, desgano y párpados hinchados. Quiero tranquilidad, la misma que todas las mañanas le pido que te de y que intento, igualmente, darte cada ocasión que tus ojos me dicen: quiero recostarme en tus piernas mientras conduces hasta el infinito de mi vida.

lunes, 31 de octubre de 2011

¿Es válido acordarse de alguien que ni siquiera te conoce, sentir nostalgia por esa persona...? ¿Es valido dejar a medias algo que ni siquiera has comenzado, no terminarte de tomar el café que no has preparado?


miércoles, 26 de octubre de 2011

Loveseat...

Me levanté del love seat que adormecía ligeramente mis nalgas. La más de media docena de copas de esa exhuberante bebida del centro sudeste norteamericano me tenía físcamente amainado. Traté de levantarme con la mayor naturalidad posible. Siempre me jacté de tener un poderío alcóholico envidiable y esta situación me abochornaba. Al estar en pie, apoyé mi mano en el respaldo sin darme cuenta que estaba la mano de la cuñada del anfitrión; la sentí suave y terza, ligeramente apiñonada y un poco regordeta: la imaginé apretando mi falo y sacudiéndolo en ese hermoso ritual post urinal. Cruzamos miradas pero mi líbido estaba por los suelos y el de ella lo tenía hasta la parte más alta de su flequillo risueño. Me impresionó y mi mirada tiró hacia ese lado donde dicen los estudiados que tira cuando mentimos. Retiró su mano ligera, con suavidad, como si supiera que yo la estaba sintiendo debajo de la bragueta y no debajo de mi palma. Intercambiamos sonrisas leves, insinuantes. Caminé siguiendo el color de los mosaicos para disimular mi estado, sabía que todos me miraban mientras caminaba pasillo adentro en dirección al sanitario.

Esos 5.3 metros que separan la sala de estar con la puerta de entrada al baño me pareció infernalmente larga. Los libros que adornan los abarrotados libreros del pasillo y el par de puertas que asoman a las habitaciones de los respectivos hijos del anfitrión me hundieron en una oscuridad deprimente. Husmee ligeramente en uno y te alcancé a ver, la mano de él deslizaba vorazmente de tu espalda baja a tus nalgas y tú sentiste mi mirada. Volteaste e inmediatamente apuré mi paso a la puerta del baño. Cerré rápidamente, bajé el cierre, expuse al aire helado -que proporcionaba la ventana que daba al jardín- mi verga. Al terminar lavé mis manos y llamó poderosamente mi atención una diminuta copia de la Divina Comedia, versión para infante bachiller, que descansaba sobre las toallas. La tomé y al comenzar a hojearla tocaron a la puerta. Betty me había hecho olvidar que te había visto ser manoseada por él mientras su cuñada me invitaba a mamármela y su esposa coqueteaba con el viejo que siempre me había caído mal. Abrí y eras tú. En la oscuridad deprimente del pasillo te mostré el ejemplar que sostenía en la mano y antes de encender la vorás luz que inundaría el pasillo dando muerte a todos los asistentes, me empujaste al baño sin que él diera con nosotros. Al entrar, rápidamente bajaste tus coquetas y pequeñas pantaletas, me dejaste entrever la orilla de la liga que apretaba tus muslos y te sentaste; dejaste caer un chorro de lluvia de entre tus piernas y mi fascinación te hizo reír.

Mientras lavabas tus manos yo, inherte, miraba la forma de tus nalgas. Me las imaginaba envueltas en una toalla, húmedas, recién lavadas, envueltas también en papel de celofán, listas para ser regaladas. Observaba con atención tus pantorrillas, bien torneadas por esos años de educación en la danza y el baile, ligeramente tenzas por la presión de los tacones. Volteaste y al verme volviste a reír. La belleza de tus labios me regalaron, junto a tus dientes imperfectos, una ligerísima marca en mi delicada piel del cuello. Mordida que después de tantos años no logro olvidar. Te diste media vuelta y te fuiste, afuera ya teníamos auditorio. La cuñada al verla salir le regaló un "cuánto tardaste" al verme sentado dentro me miró fúrica y atestó semejante cachetadón (que en mi pueblo le llaman guajolotera) y tocándose me reprochó de todo lo que me había perdido y a puntapies me sacó del baño. En el pasillo de luz mortecina me esparabas tú. Volviste a reír y moviste la cabeza en señal de reproche. Yo regresé a mi asiento y tú volviste tu cintura a donde, según yo, no pertenece: sus manos.


Mientras jugaba con los hielos dentro del vaso tamaño doble me pregunté: ¿hasta cuando voy a olvidar la forma de esas pantorrillas? Te regalé un salud. Todos voltearon a verme; brindo por tus pantorrillas pensé... todos devolvieron el salud. Te sonrojaste.

martes, 25 de octubre de 2011

Let's stay home
It's cold outside
And I have so much
To confide you...

With or without words
I'll confide everything...
Body and soul come together
As we come closer together
 

martes, 18 de octubre de 2011

Sueño nostalgia...

Nostalgia es seguir dando vueltas para no dejar de ver el número 136. Abrir los brazos, sentir el aire y aullar. Seguir pedaleando hacia casa y sentir que doy vueltas en círculos, volver a ver el 136 y pedalear más fuerte para llegar rápido y volver a ver el 136. Sentir que la vida es un sueño y que en algún momento tenemos que despertar. En algún momento el pintor, como Pao Cheng, nos dejará de ver desnudos y el sueño terminará. El problema es que hoy me desperté y me di cuenta que continuaba bajo esa ensoñación. No creo que me sea tan problemático continuar adormilado, presa de la narcolepsia que me provoca quedarme dormido en el estacionamiento del vips; que cuando abra los ojos estés dormida en mis piernas, dejarme dominar por el sueño y volverlos a cerrar, volver a parpadear y sentir tu mirada metida en mi, tu despierta yo dormido o tu dormida y yo soñando. No se.

Cuando finalmente creí que estaba despierto me di cuenta que seguía soñando, ese sueño que cuando era pequeño me enseñaron a soñar. El de ver la ciudad a media luz, con una tonalidad rosada en el cielo. Mi padre sujetándome de la mano y con la otra mostrándome y enseñándome cada punto luminoso de la ciudad. Eso ya te lo sabes de memoria, porque, no se si en el sueño o en la realidad, estuviste ahí conmigo.

martes, 4 de octubre de 2011

Paranoia...

Paranoia es la que siento al no estar frente a ti. Mi carne siente ese estertor que produce cada que me muerdes la espalda y que nunca había sentido antes. Es como si tus manos ardientes, envueltas en fuego se metieran desde mis talones y acabaran siendo arrancadas por la nuca. Me vuelvo millones de hilos y todo caen heterogeneos al suelo, de mil colores; verdes y azules son los que predominan. Caigo como muñeco de trapo y trato de contenerme pero lo único que me contiene son tus manos y tus dientes clavados ansiosamente en mi hombro.

Paranoia es la que siento cuando no se nada de ti. Aunque haya hablado justo un minuto antes, esos sesenta segundos que ya han transcurrido se han convertido como en toda una vida para mi. Soy como el insecto que desarrolla toda una vida de nacimiento/reproducción/muerte en sólo sesenta segundos tuyos. En ese minuto yo ya tuve la capacidad de morir en ti y volver a renacer.

Paranoia es la que siento cuando todo me recuerda tu persona. Textos, melodías, momentos, pisadas. Estás tú convertida en todo. Todo eres tú y no hay nada que no tenga tatuada tu imagen. Veo tus medias por allá y tus pantorrillas por acá. Tu mirada se clava en mi nuca y tus manos en mis piernas. Volteo para buscarte y no estás ahí; entonces un aire que me marea juega con mi cara y me transporta entre miles de máscaras, todas y ninguna eres tú. Lo se porque no logro reconocer tus pies descalzos.

Paranoia es la que siento cuando amenazas con matarme y con agrado te lo pido. Tus piernas aprietan un poco y lo único que me traen es placer. La muerte nunca llega y la vida es más vida que nunca. Comienzo a confundir la paranoia con la vida y la vida contigo.

martes, 20 de septiembre de 2011

Una cerveza tras otra a ver quien perdía primero. El perdedor, la apuesta de siempre: dolor, placer y ansiedad. Finalmente ninguno pierde; siempre gana la piel un sabor impresionante, dulzón, a ti, a mi, a los dos juntos. Me gusta ocultar mi erección en medio de la calle con tu cuerpo, tú, tambaleante, atinas a decir: estoy un poco mareada, yo me aprovecho para manosearte a diestra y siniestra. Llegando a casa me deslizo entre tus sábanas sólo para desnudarte, acomodarte y quedarme con todas las ganas del mundo. Me voy con tu olor impregnado en todo mi cuerpo. A medio camino entre la puerta a tu casa y la que da a la calle titubeo en un par de ocasiones, pienso en regresarme y vaciarme sobre ti. Corrijo el paso y acelero, al llegar a la puerta ya me estás esperando y la única imagen que me queda son esas medias negras que ya te había quitado después de habértelas puesto. Me estás esperando bajo la luz de la farola, sonriente, los pies un poco amoratados de pisar las piedras sin calzado y con los brazos abiertos. Abro bien los ojos y no estoy seguro de nada de lo que hice pero si de lo que a continuación haré.

sábado, 17 de septiembre de 2011

14/15 - 22

Me hiciste subir con los ojos vendados entre la oscuridad. No veía nada, sólo sentía tu mano sujetando la mía fuertemente y una esponjada bola de pelos meterse entre mis piernas. Nunca pensé estar listo para poder ver y cuando me retiraste lo que enceguecía mi vista mis ojos estaban apretados, espantados y nerviosos, tenían miedo a ver y a sentir; brincaron apoyando sus dos pies fuertemente sobre el piso, respiraron profundo y al entreabrirse lo primero que lograron observar fue tu sonrisa, inmensa y reluciente como siempre. Tu mirada asombrada no podía creer que estuviera ahí y que estuviéramos tan nerviosos (mis ojos y yo). Al abrir por completo los ojos fuego pasó por mi vista. Todo era luz resplandeciente en medio de la oscuridad, la piel se me encrespó y mi vida se aventó al completo vacío, ese vacío que está lleno de vidas enteras, de placer absoluto. Mi piel sentía miles de manos encima, mis ojos no paraban de observar con las pupilas dilatadas, mis manos sentían placer absoluto: tu piel.

Cuando por fin logré calmarme me di cuenta que tu seguías ahí, conmigo. Observándome con ternura y haciéndome caer en cuenta que nunca me dejarías caer. Todas esas manos, todo esa luz vigorosa y llena de fuego, la piel erizada y demás era por tenerte tan cerca, tan abierta y yo tan dentro de ti. Nos sentamos, observamos la luna moverse, primero frente a nosotros, luego ser un foco inmenso justo arriba de nuestras cabezas para terminar dándonos la espalda. La noche pasó fugaz, quería que fuera interminable. Sólo el frío me hacía sentir que no estaba soñando, que todo era verdad.  Tu voz fue arrullándome, guiándome entre los muertos para encontrar el descanso anhelado, el sueño que tanto busqué y cuando por fin encontramos el lugar depositaste mi cabeza entre tus piernas, acariciaste mi nuca y me cerraste los ojos. Dormí y soñé contigo y al despertar ahí seguías, tan despierta y con la misma mirada atónita y hermosa, inmovil, siempre cuidando mi sueño y mi amor por ti.

domingo, 11 de septiembre de 2011

Las hilos de saliva fueron cayendo sobre las venas hinchadas, tan exaltadas que parecía que terminarían por romper la piel. Con la mano cubrió por completo; cada centimetro reseco era lubricado. La saliva estaba rendida al placer, la firmeza era casi dolorosa, extenuante. Un ardor casi exquisito comenzó a surgir, la agitación era intensa, el movimiento sutil. La mano, suave y conocedora, hacia lo suyo de manera magistral. El dolor cedió y para convertirse en placer. La sangre continuaba brotando y coloreaba las sábanas blancas, contraste total, infinito, delicioso.

Miradas, sudor, miedo y finalmente la sangre. Fluyendo por la piel; mostrando lo débiles que somos y el placer que nos provoca.

viernes, 9 de septiembre de 2011

A donde tú me lleves, contestó...

Haré un inmenso mapa mundi, abarcará toda la pared del estudio...
y me pondré a jugar a los dardos sobre él...
(con los ojos vendados, claro)
y el décimo dardo me dirá a donde tendré que ir.

Ese dardo será mi motor...

Mi cama es tu ombligo y mi habitación tus brazos....

"En realidad mi verdadera casa está en el espacio que se forma entre tu cuello y hombro".


domingo, 4 de septiembre de 2011

La insoportable levedad del domingo...

Habíamos quedado en una tregua; ni tú ni yo nos molestaríamos y lo sabías, había quedado todo bien claro. Desde ese acuerdo me levantaba sin pesadez, con tranquilidad y sin complicaciones. Después de la ducha secaba mis pies de duende y los frotaba con cariño, abría la ventana y como esquimal sentía el frío recorrer mi pecho, un ligero aire de enfermedad vacilaba entre mis poros pero nunca se depositaba del todo. Corría escaleras abajo hasta llegar al jardín, descalzo aún me perdía entre la espesura del verde olivo, pensaba en seguir jugueteando pero sabía que tenía que irme antes de que me vieran. Durante el trayecto me detuve mil y un veces a marcarle por teléfono, todo esto durante nuestra tregua, le marqué porque estabas nublado, porque estabas soleado, porque estabas de buen humor, porque no había tráfico y también porque hubiera, porque me estabas dando los mejores momentos de la semana. Del otro lado el teléfono nunca fue descolgado o tal vez adrede marcaba mal, no lo se.

Hoy irrumpiste mi paz. Domingo, eres un hijoputa. Tan bien que nos había salido todo hasta hoy, por qué llegaste a recordarme que eres Domingo. Hoy tal vez sólo su sonrisa me pondría de buen humor pero seguramente no me sonreiría por tu culpa, porque también se estaría dando cuenta de que hoy es domingo...

jueves, 1 de septiembre de 2011

Hawaii - Mumbai

Te dije que era una mala idea pero tu insististe, te alerté de que posiblemente no pasaría la prueba pero dijiste que sería excitante para los dos. Terminé cediendo sin muchos argumentos, realmente siempre había querido terminar entre tus piernas, que aunque ya había terminado así, esta ocasión sería "terminar entre tus piernas". Tiempo atrás había notado un poco de asco de tu parte hacia mis bramidos y mi sudor sobre de ti, nunca supe porque aceptabas mis manos ansiosas, nerviosas y, encima, rasposas, además mi aliento de hombre gordo y grasoso que fui, sobre todo conociendo tu debilidad por la firmeza, por lo excitante.

Yo lo era todo menos excitante... no no no, yo era nada, ni excitante, ni nada pero a ti te encantaba pasar tiempo conmigo. Te daba cierta seguridad mis canas y mi conocimiento acerca de motores de ocho cilindros en V. Hasta el último apretón del pescuezo recordé el primer momento en que te vi, era justamente cuando me preguntaba: ¿cuándo podré ir a Hawaii? Levanté mis pequeños ojos oscuros y te vi caminar dejando un halo de luz verdeazulada, moviendo tus caderas y las piernas al compás del movimieto terrestre. Siempre me pregunté si la tierra giraba gracias a que tú caminabas, seguiré con la duda. De todos los que te salieron al paso te acercaste con el que nadie daba un peso por él, si... conmigo.

Dentro del lugar lo primero que hice fue tirarme en la cama (todos los resortes crujieron al resistir más de 120 kilos de carnitas y barbacoa consumidos en 32 años de malas pasadas) y contemplar de cabeza el horizonte hermoso: un edificio gris lleno de oficinas; escritorios, ordenadores, botes de basura, lápices, plumas, botes para lápices y plumas, botes de basura para depositar botes para lápices y plumas cuando estas fueran consumidas en su totalidad. El inmueble permitía que apenas entraran unos cuantos rayos de sol a la habitación que nos asignaron. Vi que entraste al baño y yo pensé: que bote será tan grande para que cuando yo ya no sirva pueda contenerme... respuesta: ninguno.

Saliste del baño y revisaste tu delineado con soltura y naturalidad para traer el culo al aire. Tu caminabas y te paseabas por la habitación revisando todos los detalles, cerraste las cortinas y me preguntaste si me gustaba tanto el voyeur como para dejar a los oficinistas observar. Prendiste la tele y con un aire prepotente pediste mi opinión: ¿prendida o apagada, qué te relaja más? Te dije que no prestaba importancia y sacaste una película de tu Birkin. -Siempre te dije que vieras ésta y nunca me hiciste caso, ¡cabrón!

Cuando menos me di cuenta te tenía perniabierta frente a mi indicando el punto que me correspondía. Me acerqué tímidamente, con rubor en las mejillas y tú, con tu cara maliciosa y sonriente, esperaba el momento. Cuando deposité mi barbilla en tu rodilla sentí la presión de tu par de hermosas pantorrillas en mi gañote. Te tenía agarrada por las nalgas con fuerza y lentamente fui soltando. Se saltó ligeramente una vena en tu cuello y yo me mantuve calmo hasta el final, pensé que no debía de desmayarme antes sino creerías que ya habría sucedido y todo sería una farza.

En el último respiro te vi caminar dejando un halo de luz verdeazulada, moviendo tus caderas y las piernas al compás del movimieto terrestre, justo como la ocasión en que te conocí. Iba entrecerrando los ojos lentamente y veía tu expresión feliz, sincera. Al cerrarlos sólo te veía a ti untándote el bronceador y yo preguntándome: ¿cuándo podré ir a Hawaii...? Ayyyy...

martes, 30 de agosto de 2011

Desvaríos por la ausencia del sueño (1)

Para ser un cuerpo inerte pesaste mucho. La bolsa negra intentaba tapar la manera en como terminé contigo. El agua terminaría por consumirte. El peso que agregué al interior de la bolsa evitaría tu flote, cuando menos hasta que estuviera lo suficientemente lejos para que todos dudaran de mi, para que nadie creyera que yo había sido. Todavía recuerdo como mis manos al sujetarte del cuello fueron apretando más y más, tu así lo ibas pidiendo. Mis manos siempre fueron débiles y tu cuello muy poderoso, era casi tan fuerte como el de un pitbull. Mis yemas de los dedos nunca volverán a ser las mismas. Las venas saltadas en tu cuello dejaron una marca indeleble, asesina en mis palmas. Enterré un poco de mis uñas largas, a medio comer, debajo de tus mejillas, otra petición más. Después de hacerlo corté mis uñas y me las lavé con alcohol. No paré de disfrutar tu cuerpo hasta el último momento: tu pecho, tu abdomen, tu espalda y tus brazos. La manera en como siempre me gustó acariciar tu bello axilar perdió sentido cuando te vi tirado en el suelo con los ojos en blanco, con tu cuerpo amoratado. Al verte en el suelo lloré de coraje, coraje por tus pinches decisiones espontáneas, siempre neurótico y muy explosivo. Te patee hasta que me cansé, me tiré a tu lado y te abracé y hasta ese entonces me di cuenta de lo que había hecho...

Rio abajo pensé que me encontrarían y pasaría años en pena entre rejas, entre celadoras y celadas, entre visitas conyugales y tu ausencia. Cuando te observé hundirte a la distancia me sentí cómoda, por fin me había eliminado de ti... por fin dejabas de ser parte de mi vida...

jueves, 18 de agosto de 2011

Media noche en París (1)

Compré una máquina del tiempo. Es de medio cachete pero se ve entera. Espero me lleve y me traega de vuelta sin pedos. Cuando me la ofrecieron me pregunté: ¿yo para qué chingados quiero volver atrás? Cuando me miró dubitativo el vendedor me dijo: puedes volver para corregir todo tu pasado y en este momento ser presidente de México, no tener esos tres monstruosos hijos que tienes y posiblemente, si es todo lo que deseas, matar a tus padres desde que estabas pequeño. Mis sueños de grandeza napoleónica y de libertario insurgente nacional se vieron difuminados al pensar como correría la sangre en la bañera y como rodaría la segunda víctima por las largas escaleras. La manera en como fingiría el llanto y después en como intentarían meterme en una camisa de fuerza al tiempo que activo la máquina para más o menos aparecerme unos años después, limpio, intacto.


Una luz de esperanza en mi alma me hizo pensar que debo de tirarla. Antes pensé en darle un bonito funeral, como lo hiceron mis hijos con el gato que atropellé sin darme cuenta; recibí puntapies en mis espinillas y arrancaron un poco del pelo que me queda, fui por una caja de zapatos, cavé hasta un metro de profundidad, fui por le párroco local y le dimos santa sepultura. Ahora que terminé de recordar la sepultura del gato pensé que era mejor asesinar a los tres niños, dejar vivos a mis padres y guardar la máquina por si se ofrece revivirlos.

domingo, 14 de agosto de 2011

Egoísmo (1)

Lentamente las gotas comenzaban a estrellarse contra el vidrio y mi mirada se fijaba en alguna de ellas, la manera en como bailaba sobre las demás o las iba empujando para, de esta manera, cumplir la premisa de la gravedad. Yo siempre soñé en cumplir esa premisa y descender de golpe sobre de ti, a tus brazos, a tu vientre, a tu pecho. Pero lo único que hacía, sin importar que cayera el agua del cielo, era salir, meter mis pequeños dedos entre el resquicio tan tuyo que quería hacerlo nuestro, sobar un poco el polvo, la tierra formada por los viejos terrones de lodo que algunos llamaban adobe, alcanzar el fondo, sentir el placer de tocarlo y sacarlo, sólo así, entonces, alcanzaba un poco de ti. Entre mis dedos jugueteaba con ese cigarrillo a medio consumir que dejabas ahí dentro, justo debajo de la ventana. Siempre me pregunté el por qué de dejarlo ahí, por qué tu sorpresa al volver y no encontrarlo y voltear un poco perdida, un poco sonriente para ver si estaba a tu alcance visual ese que se había llevado un poco de ti y que a cuenta gotas le permitías ese poco que yo atesoraba y olía como si fuera el primer aliento al salir del vientre materno. Tus ojos sorprendidos me los había guardado en la memoria, las pequeñas arrugas que se formaban en rededor a tus labios al sonreír sentía que las tocaba al asomarme tibiamente entre las cortinas cuasi transparentes. Volteabas al cielo, sentías las primeras gotas del día y echabas a correr.


viernes, 5 de agosto de 2011

Parte aguas... (2)

Y nos quedamos tumbados sobre la cama con el aire soplando, moviendo las cortinas que rozaban nuestras caras y nos daban cosquillas; las mirábamos tan altas y tan blancas que parecían nubes. A lo lejos se escuchaba como la fuerza del agua pegaba contra las rocas, lo escuchábamos tan fuerte y tan claro que asemejaba cuando tu piel choca contra la mía, como cuando nuestras manos se entrelazan y las miradas golpean con tal fuerza que las piedras terminan siendo arena. Los rayos del sol apenas y alcanzaban a entrar pero lo hacían estratégicamente para iluminar tus piernas y despertarme por completo. Tu rodilla flexionada y mi mirada fija en ella y en la forma de tus muslos, ligeramente tensos, marcan una línea que los parte en dos. Me distrajo la sensación de tus ojos observándome, tu mirada clavada en mi y en las arrugas que se me marcan al sonreírte. Me encanta despertar contigo en parte por esa primer mirada del día que sueltas, mitad sueños mitad realidad; se parece tanto al momento en que separamos nuestras bocas y abres los ojos, relames tus labios, los muerdes ligeramente, me ves fijamente y vuelves a la carga. Me quedo mirándote y olvido que escapamos de la vida cotidiana por un par de días. Que tú deberías estar durmiendo en otro lado, tal vez por tus labores, tal vez en casa... yo simplemente estoy en donde debo de estar, con la mirada y las manos temblorosas, llenas de ansías... justo como las de ahora, ansías de tenerte, de tocarte, de sentirte y de ser sentidas.

martes, 2 de agosto de 2011

Parte aguas...

¿Cómo poder concentrarme cuando traigo algo tan hermoso en la cabeza dándome vueltas todo el tiempo, los pensamientos ocupados sólo en eso y el vecino escuchando a Thalia a todo volumen?

jueves, 28 de julio de 2011

Caminos de Michoacán y oídos que se van limpiando...

La primera ocasión que te saqué a bailar estábamos en la banqueta esperando a que te terminaras tu cigarrillo. Yo veía atentamente el movimiento de tus labios al hablar aunque no escuchara nada y la manera en como tu lengua se alinea con tus dientes para expulsar el humo. Ligeramente mareados por la proxémica me dijiste que si fumara me pasarías el humo de boca a boca y entonces le di el golpe, no al humo, ya dijimos que yo no fumo, le di el golpe a la saliva al haberme dicho eso. Sonreíste y me di cuenta que tú sabías lo que sentía por ti. En una explosión de creatividad extendí mi mano derecha hacia ti y me miraste con desconfianza, al tomarla te jalé hacia mi y puse la mano en tu cintura, la que quedaba al aire tu la sujetaste, borré todo rasgo de distancia y no quedó un sólo palmo de terreno entre los dos, dimos dos o tres pasos y la risa brotó espontánea. Nos miramos, jugamos a volvernos uno sólo y me dijiste: mi pretexto para bailar contigo era estar así de cerca; yo pensé: la noche existe para estar así de cerca, aunque todavía se puede más...

viernes, 15 de julio de 2011

Puntos débiles...

Lo encontraste sin esforzarte demasiado. Ahora sabes como hacerme sufrir; aunque hay niveles del sufrimiento y ayer te diste cuenta como me encanta esa sensación.

miércoles, 13 de julio de 2011

Cinismo y vicios

La primera ocasión que bailé contigo los nervios me desbordaban, salían de mi como olas buscando un nuevo cauce.

No es que sea indeciso, tan sólo nunca tuve la necesidad de ser yo el que invitara, el que diera el primer paso o el que tomara la iniciativa. Prefería ver la vida pasar con una pequeña vara de trigo entre mis dientes, el sombrero ligeramente gacho cubriendo el contacto de la luz del sol con mis ojos y una mueca de indiferencia en mi semblante (esa aún la conservo). Tampoco estoy diciendo que la suerte haya estado siempre de mi lado, dejé ir varias oportunidades por la indiferencia; pero esta ocasión... esta ocasión no podía dejarla pasar.

Desde la ultima vez que dije que no a un ofrecimiento de baile en la graduación de la prepa y tiraron sobre mi camisa blanca el ponche rojo sangre ligeramente aderezado por una turbia bebida alcóholica, me había prometido ausentarme de toda posibilidad de ser "sacado" a bailar pero esa noche se salió de mi control.

Desde que llegué y vi tu espalda desnuda apresuré los tragos para darme valor y soltura. Mi mueca de indiferencia y hartazgo se convirtió en una leve sonrisa cada que me volteabas a ver. Cada vuelta que dabas permitía ondular ligeramente el verde de tu falda y dejaba entrever un par de firmes piernas. Yo disimulaba y desviaba mi mirada y mi atención a la conversación que llevaba con alguien más. Las sonrisas y las miradas eran para ti pero las escondía en una disertación acerca de política económica bajo los nuevos regimenes económicos en la America Latina postmoderna que poco a poco fueron acabando en "comoesquelosamigosterminanodiándose". De un momento a otro tuve que voltear hacia donde tú estabas, copa en mano y me topé contigo de frente, tu mirada, tu sonrisa y tus labios que se movían cadensiosamente diciendo algo ininteligible para mi, estaba tan perdido en su forma, su textura y su grosor que no entendí palabra alguna que me dijiste; para disimular el no haberte puesto atención acerqué mi oído a tu boca para que me lo repitieras con más fuerza como si mi sordera fuera factor, grave error, lo único que provocó tu aliento cerca de mi oído fue sentir como tu boca subía por mi espina dorsal hasta depositarse en la nuca y erizar todos los miles de bellos en mi cuerpo; decías: vamos a bailar.

Mi torpeza se vió reflejada aunque mis manos supieron posicionarse rápidamente tomando tu espalda. Te rodee y te acerqué a mi convencido de lo que ambos queríamos, de lo que ambos necesitábamos. Yo no podía dejar de mirar nuestros pies por temor a abalanzarme sobre tu boca más que por no saber bailar. La canción duró un instante que se esfumó repentinamente y cuando nos separamos estaba agitadísimo, sentía como esos nervios se desbordaban, salían por el cuello de mi camisa, por la bragueta del pantalón, por todos lados y tú los veías escaparse de mi y me sonreías, esa sonrisa maliciosa que va acompañada de una ligera succión de labios recogiendo el exceso de saliva que te han dejado esos otros labios al separarse de los tuyos. Me separé de ti pensando que esos labios eran los mios y que por vez primera había dejado de ver la vida pasar y la había tomado apretándola por la espalda.

jueves, 7 de julio de 2011

Socializar...

No tenía esta sensación de extravío desde 1986.

Mi nivel de socialización está por los suelos, cuando abro la boca no sale nada, sólo emito un sonido gutural casi inaudible. No soy capaz de saludar, ni de despedirme, ni de participar, ni de involucrarme en nada... NADA.

Trace un esbozo de conversación con mis padres tratándoles de explicar la situación y lo único que recibí fue una mirada como la que hacía 22 años no tiraban sobre de mi y la última ocasión que lo hicieron fue cuando les dije, enjugándome las lágrimas, que les mandarían llamar de la primaria por haberme metido entre las piernas de una chica mayor que yo.

Venía repasando todas las ocasiones anteriores en que no pude hablar y recordé con nostalgia los años en que la verborrea era una constante cotidiana en mi andar. La gente me miraba con aprecio, me sonreían y sin revelármelo se decían entre ellos: "yo soy su amigo..." Repentinamente desperté de mi ensoñación cuando una camioneta ram más o menos modelo 1999, color verde militar, me dio un cerrón de los más temerarios que tenga memoria. Un joven que estaba sentado en el asiento trasero me venía viendo desde tiempo atrás (había notado su mirada; no se si me miraría con temor del sicópata que viaja conmigo), me sonrió ligeramente y el que iba al volante me gritó: güevos pinche puto, siendo que yo sólo activé la bocina. Al gritarme eso viré para seguirlo, cambié la ruta trazada en un principio, le alcancé, me bajé del coche, pequé en su ventanilla, la escupí, apreté los puños y los descargué sobre la portezuela sin dejarlo bajar. Cubierto de la lluvia nocturna de la ciudad y de las miradas atónitas de todos los demás conductores que viajaban sobre la Avenida de los Insurgentes.

Cuando me percaté que todos me veían me espanté y decidí irme no sin antes despedirme de mi espectador, pinté un corazón en la ventanilla mojada y le mandé un beso, arranqué, invadí el carril del metrobús y desaparecí como los cobardes, sin levantar la cara.
Pinche Falso Contreras, haces un chingo de falta.

domingo, 3 de julio de 2011

Siempre es tiempo para una Guinness...

Salimos pedísimos del pub, tanto que olvidamos que llevábamos el coche. Íbamos abrazados para evitar caernos en medio de la llovizna que avisaba que habíamos olvidado el paraguas en el lugar. Como siempre fuimos amuleto de fortuna, cuando entramos el lugar estaba vacío y cuando salimos estaba a reventar, no cabía un alfiler. Tal fue el agradecimiento que el encargado de la barra me invitó un anís, cortesía de la casa... Lo bebí de un sorbo y azoté el recipiente contra la barra labrada en madera, sonrío, sonreíste, sonreímos. Inmediatamente sentí el dulce subir por mis venas y depositarse en el corazón, en parte, y la otra parte en mi cerebro. Un brote de humildad tuve al darle las gracias y su sonrisa, deforme, me dijo que la noche me esperaba.

Tropezamos con la banqueta y caímos ambos de rodillas, al levantarnos lo vimos, de frente a nosotros estaba él. Aquel viejo que alguna ocasión nos presumió que daba clases en la Sorbona, una pequeña escuelita cerca de Ciudad Azteca. Maestro en Historia del Arte y encargado del área de Educación Artística en semejante escuela; nos miró con despreció, nos escupió encima y siguió su camino. Nosotros, que no podíamos hacer nada más que llorar, nos sujetamos de las manos, nos vimos a los ojos y nos juramos jamás volver a ser celosos el uno con el otro. Recuerdo como me dijiste: el kebap que nos comimos me está oprimiendo el corazón y las entrañas, sino en este mismo momento, hermano, te diría lo mucho que te amo.

viernes, 1 de julio de 2011

Respuesta...

Déjame en blanco, como bien que lo has estado haciendo. El negro déjalo para cubrir tus piernas, para quitarles el frío, para abrigarnos un poco, el negro que estaba en mi lo has teñido ya todo.

Dame ese beso sin tiempo, ni lugar ni prisa.

Se egoísta y si en mi está el poder darte lo que necesitas pídemelo, pídeme lo que quieras. Estoy dispuesto a darte lo que quieras de mi porque este remolino que siento dentro de mi te pertenece y sería yo todavía más egoísta si no te invito un poco de él.
"un beso que no tenga lugar, tiempo ni prisa"

jueves, 30 de junio de 2011

No creo ser capaz de tener desórdenes alimenticios.

Estoy en uno de esos periodos de lucidez. Gracias al montón de pastillas que me he metido desde en la mañana para mantenerme despierto y una canción que me tiene como si trajera un pinche cuete entre las piernas.

Mi debilidad en este momento se centra en dos cosas: en tu boca y en el dolor. Traigo un chingo de dolencias en las que no me había fijado, me duele hasta la pinche sombra y el único alivio ha sido el verte. Aunque hay dolencias que sólo se han agravado por el descuido y la mala vida.

Mi pinche mala vida sólo se centra en un horario de 8 de la mañana a 7 de la noche con dos horas de comida. Oportunidad para dar de comer a las palomas del parque y mirar a los gays tomados del brazo. Me encantan los putos, la manera en como intentan coquetearnos a los que se supone que somos hetero pero recibimos sus coqueteos como halagos. Miran como si de verdad no quisieran estar mirando. Son como mujeres tímidas pero con un turgente paquete. Cruzan las piernas y los brazos justo como yo, pero con la diferencia de que yo lo hago porque no aguanto la comezón en la pinche ingle producto de la puta herpes que me dejó la hija de la chingada de recepción. Tuve que depilarme y untarme unas cremas que me dijeron que me untara en un foro acerca de sexualidad y enfermedades venereas. Eso me pasa por aceptar ir a las comidas de fin de año del trabajo. Pensar que todo comenzó porque va a las mismas clases de godinez quedados que no hemos terminado la universidad.

Eso es otra pinche dolencia. Cerrar los putos círculos que dejé abiertos por falta de güevos. Siempre me fue tan fácil dejar las cosas a medias y ahora, cuando debería de traer puestas tus pantimedias negras, tengo que estar soportando a un montón de zopilotes que lo único que quieren es meter su pinche miembro entre los culos de quienes se dejen. Incluyéndome. ¿Creen acaso que no me he dado cuenta como me ve el pendejo diseñador que quiere ser comunicólogo? Ya le dije que no necesita tener mucho talento, nada de teorías comunicativas, sólo tener una lengua larga larga y muchas ganas de pisotear a los demás, en eso consiste la carrera del comunicólogo. Lo que te digan los demás es pura habladuría.

Ya, se acabó la lucidez. Perdió efecto el café y las pastillas, me está dando sueño y la música paró. Necesito algo para aguantar hasta la noche...

miércoles, 29 de junio de 2011

Discretion Grove...

I'll tell you I'm about to run
The ceiling's are undone
Specialized victories
For overage whores

jueves, 23 de junio de 2011

Infinitesimal

La labor de parto debe ser un pequeño apocalipsis en la vida de cada una de las féminas que deciden embarazarse. La irrupción del llanto del producto que se gestó durante nueve meses en su interior debe ser como una explosión de alegría, más allá de la felicidad. Pararse con los estertores de la dilatación vaginal, tomarse del brazo de la parte que puso la semilla y acudir al cunero, ligeramente rengeante, a ver al heredero, sólo debe compararse con el momento en que toda la familia reunida a su alrededor, junto con un párroco que le absuelve de los pecados que no cometió, le observan, llorosos la mayoría, como se larga de aquí, mientras esa misma mujer que depositó todo su aliento en que el producto estuviera bien, ahora deposita su aliento en despojarse de la pesadez que él, y otros productos posteriores, le brindaron.


Ese producto, antes de convertirse en alcóholico, golpeador, malviviente y frecuente usuario de la prostitución nocturna de Puente de Alvarado, tuvo un crecimiento ejemplar; destetado apenas al par de meses, críado por la abuela materna, ingresado a la escuela preescolar a la corta edad de tres años dado que no hablaba ni avisaba para ir al baño. Callado e introspectivo (situación que conservó hasta entrado en años), gozó de la felicidad que las atenciones hacia un niño "raro" se pueden recibir. Disfrutaba de sonreírle a la gente hasta que le trajo consecuencias: dos dientes menos, un ojo hinchado y mucha frustración (nadie le avisó que no se le sonríe a las mujeres de faldas apenas debajo de la curvatura de las nalgas en ciudades fronterizas). Siempre disfrutó de las pequeñeces que le formaban y le daban vida y aún durante el velorio al que no acudió, estuvo recordando todas esos momentos insignificantes que le forjaron: tomado de la mano de su madre camino a la escuela preescolar, estar montado en la bicicleta vagabundo camino a casa, la ocasión que a los 5 se hizo el dormido para recargarse en una chica de más de 20 que le había atraído, la niña que le sonrió en el camión escolar y le sonrojó, la primer decepción, las múltiples huídas, la primer "buena" mamada, las blusas sin brassiere, la primer lluvia del verano, la impotencia, el dormir en la banqueta... y cuando creía que podría llorar después de tantos años, un niño venía viéndole detenidamente en medio del tráfico, se sonrieron y el niño se sonrojó y se volteó. Pensó si le habría llamado la atención la barba crecida, la cara enrojecida y agrietada por el alcohol o si tan sólo se vio a futuro. Duraron media hora haciéndose gestos... pensó que era muy fácil sonreír y verse feliz como ese pequeño de 5 años, como él de pequeño a los 5 años.

sábado, 18 de junio de 2011

Medias negras...

Cuando te vi de frente pensé que estaba en lo correcto. Pocas imágenes tan claras como la tuya de frente a mi. Las piernas desnudas, el cabello suelto y la pintura por todo el lugar. Todo obscurecido y enrarecido pero tu aroma guiándome. Vuélveme a seducir hasta matarme que la vida es aburrida sin sentirte; sin tomarte con firmeza por la espalda.

domingo, 12 de junio de 2011

Soul kitchen...

Por la mañana, cuando volví a ponerme en pie, caminé hacia la cocina. Empujé la puerta y al adentrarme un aire espeso, enrarecido y sumamento aromático inundaba todo el lugar, sentía que había mil cortinas todas delgadísimas y tenía que irlas empujando todas para poder moverme.

A media madrugada me desperté, estaba en medio de un sueño perturbador: una chica guapísima iba detrás de mi dentro de un enorme taxi que ella me había solicitado. Ella me conocía y me hablaba con naturalidad y confianza pero yo no podía mirarla a los ojos. Al pedirme el taxi acercó tibiamente su mano al bucle que cuelga de mi frente, lo movió ligeramente hasta descubrir la cicatriz en mi y me dijo cariñosamente: mi vida, sería posible que me consiguieras un taxi, ya todos se han ido y estoy sola. Una súbita erección en mi sueño se manifestó, durísima y de tal exageración que podría ser visible hasta para un invidente (y lo digo porque estábamos en un Four Seasons y el chico que ayuda con las maletas no tenía ojos, sólo un par de cavidades ondas, vacías, volteo a verme, como si un sentido adicional le hubiera indicado que la traía paradísima).

Dentro del taxi nos dirigimos en medio de la lluvia a un chalet. Escuchaba la conversación que celebraba con alguien que no se de donde apareció. Ella le decía que no estaba convencida de decírmelo y comenzó a tocarme los hombros, sus largos dedos y sus suaves manos comenzaron a filtrarse por entre el cuello de mi desabotonada camisa y tocaron mi clavícula, bajaron hasta mi pecho y apretaron mi pezón, yo firme y estoico no volteaba, sólo le regalaba miradas a mi excitadísima bragueta. Al llegar al lugar la lluvia se intensificó. A la distancia alcanzaba a distinguir que en la habitación que me correspondía había alguien esperándome, cargaba algo en la mano, no alcanzaba a distinguir ni que era ni quien era. Cuando por fin ella se había decidido a decirme, yo ya traía la bragueta abajo y sus manos, que se habían alargado como un tentáculo, estaban justo debajo de la hebilla de mi cinturón. Dijo: "Rudyard, la cuestión es..." y en ese momento abri los ojos. Un mensaje de teléfono celular rezaba: "Te mando un beso de desayuno y otro para refrescar tu boca".

Intenté volver a quedarme dormido, descifrar el sueño. No lo conseguí. Me levanté para tomar un poco de agua y aclarar mis ideas, pasaban las cuatro de la madrugada de un domingo apacible. Al llegar al comedor se escuchaban respiraciones agitadas, susurros. Caminé con cuidado, con un poco te temor. Tropecé con unos pantalones y me di cuenta que mantenía firme la erección del sueño y pensé por un momento que continuaba en él. El lugar se tornó caliente, de un calor casi desértico. Al llegar a la cocina me asomé por el ojo de buey y observé como dos cuerpos conocidos se movían frenéticamente acompasados. Rápidamente comencé a jalármela. Mis gafas se nublaron y mi placer era inmenso al ver como se la estaban metiendo a la chica que minutos atrás no se decidía a decirme algo que nunca supe que era. Al tiempo que yo tocaba mi pecho, asemejando su mano, con dureza me masturbaba mientras ellos cambiaban de posición. Al ponerla de espaldas a él e inclinarla hasta alcanzar los noventa grados ella me volteo a ver, sudorosa, ligeramente cansada y al mismo tiempo que él la penetraba ella movía sus labios diciéndome algo... un mensaje de celuar me despertó, estaba yo agitadísimo. El mensaje rezaba: "Te mando un beso de desayuno y otro para refrescar tu boca".

Seguro de que ya no estaba soñando toqué mi verga con nostalgia de que nada había sucedido y ya sin ganas de descifrar lo indescifrable me levanté por un vaso con agua. Volví a tropezar con unos pantalones en el suelo pero no puse mucha atención, al llegar a la cocina me estaban esperando con un vaso con agua y con urgencia me dijeron: "un beso para refrescar tu boca".

domingo, 5 de junio de 2011

sábado, 4 de junio de 2011

Que pretendes...

Y todo el lugar se quedó impregnado del aroma de las uvas. Siempre al regresar me envuelvo entre las sábanas que acabaron teñidas y me quedo profundamente dormido. Entre sueños siento que levito y toda la espesura que antes había mientras dormía se ha ido. Sigo viendo nuestro reflejo en el espejo y sigo recorriendo tu espalda con mis manos. Vuelve a poner tus manos sobre mi pecho, vuelve a hacerme sentir cerca de ti.

jueves, 2 de junio de 2011

Hablando de inversiones vía mensajería instantanea (pt. 3)

Nadie tiene el conocimiento absoluto, sólo google.
Voy a desayunar una rebanada de pan integral que tiene la forma y consistencia de una muy buena teta.
Casi se me para...
Pero la partí...
Y le embarré una crema que tiene la consistencia tal que parece semen,
Entonces estoy comiéndome un pedazo de teta con semen embarrado...
Nada que no haya hecho antes...
y, nuevamente, puedo decir que sabe muuuuuuy bien...

Diez años

Hace diez años escuché por primera vez el 10 000 Hz Legend. Desde la primera ocasión que escuché How does it make you feel se me puso la piel chinita, recuerdo hasta el momento justo en que la escuché: manejaba el viejo Chrysler Spirit por Periférico, me pasé como siempre el semáforo de la Av. Jorge Jiménez Cantú (dos veces me pararon por hacer eso) y cuando iba subiendo el puente que atravieza el Rio de los Remedios comenzó a sonar. Repentinamente la piel se me encrespó (así como cuando rozas mis oídos y tocas mi cabello) y quedé encantado (vaya que me gustan las cosas encantadoras). En tiempos de audiogalaxy y napster nunca pude descargar el disco completo.

Soy un buen stalker, soy tu buen stalker. Me gusta ver fotografías de personas que no conozco y sentir nostalgia. Nostalgia de la buena. Nostalgia por saber que no los conozco y la pasan bien sin mi. Nostalgia de verlos llorar porque alguien les rompió el corazón; porque le gritaron eufóricamente a un gran gol de Juan Carlos Cacho en CU. Nostalgia por saber que nunca me van a conocer y nunca sabrán que hay alguien que los está observando y se los está imaginando y que posiblemente nos miremos las caras en la calle y no nos reconozcamos, mejor dicho, no me acuerde de ti. Siento nostalgia por eso, porque te veré y no me acordaré de ti; porque te seré infiel al verte y después no hacerte caso.

Y esa nostalgia sin saberlo, la sentía hace diez años. Como si fuera capaz de adivinar el futuro o, hace diez años, sentir nostalgia por este momento.

lunes, 30 de mayo de 2011

Y después... el mundo real.

Y es que no es nada fácil darse cuenta que cuando estaba completamente decidido ya se había ido. Ni siquiera supe si lo soñé porque de repente me encontré despierto en otra cama, en otra noche completamente distinta (sin luna), una noche fría. El candor de las noches anteriores durmiendo desnudos con las ventanas abiertas; el crujido del mar a la distancia desapareció. Mis ojos en la oscuridad dilataron sus pupilas al máximo para intentar reconocer el lugar. Mis oídos, bien abiertos, intentaban tratar de escuchar si te habías levantado por un vaso con agua o al sanitario a desperezarte un poco (casi te podía ver, mojando tu piel, humedeciendo tus labios y tu lengua jugueteando lentamente con el agua y tus dientes, como si fueran los de alguien más), pero no escuché nada, sólo la madera torciéndose, justo como tú la madrugada anterior.

Pero y si no fue nada cierto y sólo fue producto de mi imaginación. Cabía, en esa fría noche, la posibilidad de que todo hubiera sido sólo un sueño y es que sólo los sueños te dejan ese sabor en el cuerpo. Ese sabor dulce y terzo del sudor, del calor contenido y que no quieres dejar escapar.

A partir de ese momento, todas las noches me despierto a la misma hora y mis pupilas vuelven a dilatarse y mis oídos vuelven a estar alertas por si alcanzó a verte o siquiera a escucharte. Parece que a partir de ese momento todas las noches sueño lo mismo y siempre me despierto cuando estoy completamente decidido y ya no estás.

jueves, 26 de mayo de 2011

This one for the freaks...

El último día que Richey James tocó con los Manic Street Preachers mi hermana apenas tenía dos años. El Popocatepetl escupió tanta ceniza que ninguno de los niños del barrio que salíamos todas las tardes a jugar al fútbol en la calle lo pudimos hacer. Mi madre se espantó tanto con las coladeras tapadas y el parabrisas del coche que lloraba desconsolada encerrada en el guarda ropa. Mi padre cuando llegó a casa parecía que había luchado contra zombies deseosos de comerse su cerebro, por un momento pensé que ya era uno de ellos. Sus ropas razgadas, su nariz ensangrentada y sus ojos rojos me hacían creer que venía por nosotros no para salvarnos del juicio final, sino para devorarnos, para arrancarnos las entrañas. Ese mismo día un camión de refrescos se estrelló contra la jardinera en donde siempre me sentaba a refrescarme tras un recambio de defensa por mediocampista. Se llevó la jardinera y se atoró con el árbol. Estuvo a nada de entrar hasta la tienda por la cortina pero no hubo nadie que lo constatara.

Recuerdo, como mientras me asomaba por la ventana a ver la ciudad en tinieblas, un dejo de nostalgia me pegaba en el pecho y me hacía voltear al cielo con extrañeza. Mi pequeña hermana, que estaba más pequeña aún, me preguntaba con su diminuta y balbuceante voz si todo estaría bien (sus ojos rojísimos y su boquita que casi estallaba en llanto me hizo comprender). Yo no sabía si las cosas estarían bien, sólo sabía que no la iba a soltar de la mano jamás. Le dije que si y ella con sus pequeños deditos apretó fuerte mi mano, estaba tan espantada como yo.

Desde ese día nunca he faltado a la cita de apretarnos las manos mientras vemos la ciudad a través del vidrio de la ventana al tiempo que le juro que todo seguirá bien.

lunes, 23 de mayo de 2011

Principio de exclusión

La proximidad cuerpo a cuerpo es la que realmente vale la pena. Cuando suspiras al oído y la distancia resulta inquietante es cuando todo se ha ganado. Las derrotas personales, el estado de ánimo, las puñaladas por la espalda no existen. El saberse que resguardas la espalda con tu pecho y que tus manos están cerca de la victoria que ofrece la cintura, la única resistencia que puede oponerse es la de recargarse un poco más hacia atrás sin que nadie nos mire, por eso de los celos y la envidia. Puedes hacerte medio paso para atrás, tampoco estamos tan retirados o puedes deslizarte un poco más hacía mi entre las sábanas. A ese lugar que siempre te ha correspondido.

domingo, 22 de mayo de 2011

"Tu propósito en la vida fue venir a cambiarle la vida a muchas personas"
...
....
.....

pero...
egoístamente...
¿Alguien me la va a cambiar a mi?

viernes, 20 de mayo de 2011

martes, 17 de mayo de 2011

Sobre héroes...

Uno de mis mejores amigos dijo que bien podría ser un personaje de Ibergüengoitia... que mi epitafio, tal vez, díria: "la penetre con facilidad".

Sería un exceso de arrogancia decir que encajo en uno de sus fabulosos personajes, además argumenté que yo sería más sutil.

Después salió con un duro gancho al hígado Sartresiano: "Como todos los soñadores, confundí el desencanto con la verdad..."

Creo que mi entrañable amigo está jugando con mi integridad mental al conocer mi endeble carácter en este momento. No se si odiarlo o amarlo.

A salud de mi hermano Emmanuel...

lunes, 16 de mayo de 2011

Sobre la vida cotidiana...

Hoy regresé a cerrar un enorme círculo abierto. Regresé a encarar a aquella que me desgarró por dentro, que me llenó de infortunio y de desgracia, que me traicionó y me apuñaló por la espalda. Aquella que realmente nunca me quiso y sólo me utilizó. Si, volví a mi pinche universidad.

Y recorrer los pasillos casi seis años después de cuando entré por primera vez no fue nada satisfactorio. Ya ni los despachadores de papel sanitario son los mismos. Ya no se escucha a los Happy Mondays por los pasillos. Ya nadie me saluda. Ahora Ed Hardy se ha apoderado del lugar, las cabezas rapadas y los motivos dorados son habituales en el "universitario" promedio. Pinche infierno de lugar.

Me sudaban las manos copiosamente antes de llegar. Procuré estacionarme muy lejos y pensar todo lo que iba a decir mientras caminaba. Preparé un discurso sufridísimo acerca de mi persona, mi vida y mi larga ausencia pero justo una cuadra antes, al ver el viejo café al que sólo entré una ocasión, me hizo pensar: a la verga toda preparación, entraré, encararé el futuro, el incierto destino y le aplicaré mi mejor derecha sobre su rostro cubierto por esas viejas telas obscuras hasta dejarlo al descubierto y lo haré que hable, que me diga porque no me quiere y porque no puede llevarse bien conmigo. Y justamente eso hice.

Me paré con tanta seguridad frente a toda autoridad universitaria que hoy me acogió con sus billeteras abiertas, que ni yo mismo creía que fuera yo quien estaba ahí, parado frente a esos nuevos y jóvenes chupasangre que te asignan un número de cliente (venta o pérdida) y no como un cerebro que puede ofrecer tanto. Y es que en un momento, cuando hablaba con esa autoridad regente de ese supuesto lugar de estudio y le tuteaba sin mayor timidez, me desprendí de mi ser y me observé, me califiqué siendo el más duro de mis sinodales y aprobé con honores. Despaché como el mejor orador que ese engendro del mal haya visto.

El incierto destino y yo hoy nos dimos la mano en señal de una pequeña tregua. Se que el muy cabrón en cualquier momento me chingará como muchas ocasiones atrás lo ha hecho, pero cuando menos en esta ocasión yo no seré el que comience el conflicto, el que me ponga el pie.

domingo, 15 de mayo de 2011

Psychodelicate girl - come out to play
Little metal faced-boy - don't stay away


Me mantuve siempre delante del diablo. Él cuidando mis espaldas para amortiguar el momento del impacto. El disparo entró por el frente y destrozó mi espalda. La sangre brotó y mi mejor reflejo fue buscarte entre la multitud. Mi mano directamente a la herida. Del agujero en mi pecho brotaban sensaciones al tiempo que se producía la segunda y mortal estocada. Él me la dió, quien más.

Because you're young - you'll meet a stranger some night

Pensé que le jugaba al vivo y nunca fui prudente como esa noche en la que me quedé cayado. Tu sonrisa y tu manera de verme siempre me hicieron sentir pequeñísimo. Me incomodaban pero a la vez me reconfortaban, sabía que eran sólo para mi porque las sentía observándome y deborándome en medio de todo el lugar. Si, te conocí de la manera más absurda y de la manera más absurda te dejé ir, te dejé viva en medio de la sangre que brotaba, entusiamada por, finalmente, despedirse de mi.

Because you're young - what could be nicer for you and it makes me sad

jueves, 12 de mayo de 2011

De eso pido mi limosna...

Bájame el nivel de la nostalgia como yo te lo hago hasta llegar a los talones. Déjame seguir soñando despierto que tanto me gusta, soñarte despierto como quisiera verte y nunca me dejas. Deja de meterte en mi cabeza y métete mejor entre mis sábanas. Ya ponle un jodido nombre a esta historia de una vez. Esta pinche nostalgia va a terminar por reventarnos.

domingo, 8 de mayo de 2011

Todavía recuerdo que me decías que me gustaba caminar en el centro de la ciudad porque me convertía en uno más, que amaba el anonimato y el mutar en algo amorfo, algo casi completamente inanimado, moviéndome al ritmo de las olas del mar de cientos, miles de pies.

Sigo siendo llamado al mismo lugar como un imán casi diez años después de que me dijiste eso. Renovaron el viejo monumento en donde iba a ver a los viejos coger entre los arbustos y luego defecar y jugar con las ratas. Las calles llenas de grasa y de mugre ahora son otras, llenas de grasa y de mugre también, pero de esa que le gusta a la gente. Sigo caminando por las mismas calles que hace casi diez años pero ahora tiene más significado que nunca. Sigo bebiendo en los mismos lugares en los que me inicié en el arte del trago y la falda corta y sigo siendo igual de pendejo que hace diez años. La gente no cambia pero si la compañía. La luna tampoco cambia, pero esa noche era tan distinta que creí que si ella, que se veía tan distinta, podía lograr confundirme, yo podría confundirte a ti.

martes, 3 de mayo de 2011

No quiero llegar... aún no.

A esta chingadera le encanta hacerme sentir menos. Siempre me pregunto como es que entre tantas personas seguimos sintiéndonos tan solos y seguimos pidiendo a gritos compañía.

Para mi comenzó mayo hoy. El mes me recibió con la clásica y siempre presente nostalgia, con una lluviosa madrugada y con una mañana fría, llena de nubes y filosa (justo como tú). Mi hábitat natural es el frio y los días humedos, aunque en días pasados disfruté de manera anormal el calor y el sudor (lo habría disfrutado más si hubieras accedido a sudar junto conmigo), eso no quiere decir que le esté siendo infiel a la lluvia y al acabar con los zapatos mojados, es sólo que al hacerte viejo aprendes a convivir con los demás climas. Incluso a gustarte y llevarte bien con ellos.

La entrada del mes me recordó lo insignificante que soy. La neblina justifica todo lo que digo. Se que soy demasiado quejumbroso, que me azoto por todo y que tengo un nivel de menosprecio personal de campeones, pero el frio calando los huesos y tus ojos siendo cegados, la inmensidad natural y el sentimiento de soledad partiéndote la madre por la espalda, me dan la razón.

El desenso fue fácil pero doloroso. Pensé más de mil veces: no quiero que te vayas, no... y tampoco quiero llegar, aún no. Quédate conmigo. Pero ni todos mis esfuerzos, ni todos mis pretextos fueron suficientes para terminar aquí, siendo nuevamente derrotado por la responsabilidad, que, a fechas recientes, se ha convertido en mi peor enemigo.

lunes, 2 de mayo de 2011

Ayer por la noche llovió y me acordé de ti. Casi media noche, bajé la ventanilla, me mojé y decidí pararme, tomé un par de fotos de la nada,  me volví a subir con el pelo húmedo y con los sueños a tope. Emprendí el viaje de regreso y me di cuenta de todo: soy un niño chillón que se esconde debajo de las sábanas porque en su habitación se escuchan ruidos... y tú, tú eres el ruido que no me deja dormir en las noches, contradictoriamente, el ruido más hermoso que he escuchado en muchísimo tiempo.

No me dejes cerrar los ojos, no me dejes dormir.

domingo, 1 de mayo de 2011

Observación...

Nunca había pisado el pasto descalzo. Me gusta pisar el pasto y sentir como me hundo en él. Esa ligera depresión que causa mi peso sobre la yerba es providencial.

Más de dos me voltearon a ver con miradas ajenas al instante, a la situación. En un momento dado dos personas más se descalzaron y comenzaron a correr por el prado. Detrás de mi una pareja que se masturbaba alegremente también lo hicieron, pero ellos se despojaron no sólo de sus calcetines, se arrancaron la ropa desesperadamente... como cuando estás ansioso por penetrar y ser penetrado y la ropa sólo sirve para estorbar. Delante mío unos viejos jugaban al fútbol y al ver como el ataque de ansiedad por el pasto y los pies descalzos se desbordaba, decidieron olvidar el balón y comenzar a desnudarse también. Comenzando por dejar al viento primeramente los pies, luego se despojaron de las camisetas y los calzoncillos. Era una danza frenética de pies descalzos, de pechos agitados y erecciones mayúsculas, gigantes. Pero no era por vernos desnudos los unos a los otros, no era por oler nuestros sudores llenos de sexo y deseo, era por la sensación del pasto debajo de nosotros, esa conexión de la tierra con nuestro cuerpo comenzó con nuestras plantas de los pies y brotó súbitamente en erecciones corporales.

I'm not sure what this could mean
I don't think you're what you seem


Mientras comenzábamos a tocarnos al tiempo que corríamos, algunos más osados comenzaban a sacar las lenguas y cada que chocaban era visible el intento de lamida que dejaban en la otra persona. Todo terminó cuando comenzó a llover, esa lluvia melancólica que nos llevó de la euforia y la excitación a la melancolía infinita. Tanta melancolía fue, que de correr, pasamos a juntarnos todos en un inmenso círculo que apenas daba cabida a todos los miles que estuvimos presente en ese maravillosa orgía. Todos nos tocamos, nos palpamos y nos soltamos a llorar, empapados, inundados de placer y gozo. Finalmente nos retiramos uno a uno, tristes como cuando no quieres que termine la noche, como cuando terminó la fiesta y todos, cansados, se dirigen a sus casas y nadie te mira con ganas de burlar el tiempo, la vida misma y hacer una extensión de esa felicidad, tal vez tan efímera, pero felicidad a fin de cuentas.


And it's what nobody knows
well every day my confusion grows

jueves, 28 de abril de 2011

Postal musical...

Esto no tiene nada de musical y nada de postal, no se me ocurrió otro nombre y es que acabo de dejarle una postal musical a una chica que guardo profundamente en mi corazón y mi corazón no es un condominio con muchas puertas y muchas habitaciones y muchos baños en donde gran cantidad de personas puedan entrar, bañarse, dormir un poco, coger si gustan y salirse por la misma puerta por donde, gloriosamente, entraron. Mi corazón es más bien un pequeño catre con apenas 85 cm. de ancho en donde cabemos muchos sentados, conversando, bebiendo y si nos da tiempo tocarnos un poquitín (por eso de la emoción de la carne contra la carne y la sangre fluyendo y siendo bombeada por todos lados).

Pero usualmente está vacío. Estoy chiflando en la loma. Observando el movimiento de la gente mientras me mantengo estático, aunque a veces me muevo, tampoco intento romper la imbatibilidad del movimiento generalizado, no soy Dios para poder romper las olas, ni tan duro para que sólo sea desgastado por los años. Aunque a veces me desgasta más fácilmente el beso que no me animé a dar o la cintura que no me arriesgué a apretar.

Y vuelve la burra al trigo me dijeron. Vuelvo a jugar en terreno poco fértil y me siento el de siempre: la mirada gacha y los nervios crispados, pero aparentemente pura serenidad.

Faces down.

miércoles, 27 de abril de 2011

Charro negro...

Siempre supe que nunca debí de haber aceptado la invitación a ir. Me escudo en decir que fue para ver "que pedo" y mis amistades dicen que hice bien, que es bueno automedirse y ver que tierras se pisan. Lo único bueno que me dejó además de una crisis de ansiedad y salir corriendo como señorita en peligro fue revisar los mensajes viejos (que es el mejor deporte mientras el aburrimiento en medio de la pretención de una fiesta pretenciosa te azota). Esa revisión resultó en esto:

+13147633520
11-mar-2011 11:02 p.m.
Que buenas mamadas das xP - Charro Negro.

Tuve un tiempo en el que me gustaba caminar entre chulos y putas de piernas largas y faldas cortas. Tener amistades y amores de 25 minutos y 350 pesos. Una vida fugaz que sólo deja arrugas, dolores de cabeza y mucha melancolía. Pero si de algo estoy seguro en esa pasajera existencia es que nunca se la mame a nadie, o cuando menos no lo recuerdo, aunque en un grandioso blog escribieron: "la memoria se burla de nosotros constantemente."

Quiero saber, por mera curiosidad, a quien se la mame, sea hombre o mujer y que ha quedado complacida(o) con mi quehacer...

martes, 19 de abril de 2011

Viejos amigos (Born of frustration)...

Hoy me encontré con uno de esos que solías saludar e invitar una copa cuando jóvenes, caminata a la cantina, al bar, al putero, conversación kilométrica sobre tangas, culos y pitos. Yo desde ya era un joven oficinista, él, un joven deprimido, ensimismado y espantado por abrirle la puerta a la vida (aunque ocultaba todo ese miedo debajo del disfraz de un audaz y juvenil romántico empedernido). No hablo de más, al calor de varias copas de ron soltó el feroz: TE TENGO MIEDO...

Un hiatus es como el que vivimos tú y yo. Siempre nos prometimos triunfar y dejar nuestra huella en el mundo, nunca abandonar nuestras metas y jamás dejar que el barco se hundiera escapando con el primer salvavidas del buque puesto. Recuerdo cuando, con tono represor, me dijiste: jamás abandones los estudios. Cuestión que tu llevaste a cabo antes que yo.

Pues resulta que los encuentros suelen ser desafortunados. Yo cuando camino en medio del mercado haciendo las compras para sobrevivir suelo caminar con la cabeza gacha o enfocada en el verde del brocoli, en el rosado de las cabezas de cerdo colgantes, en el rojo de la sangre del pollo que ha sido partido en dos, en el café de los ojos de la joven que atiende entre frescas papayas y jugosos mangos. Evito las miradas que me juzgan, que me encolerizan preguntando el porque de mi momento de vaguedad. Y es que eso mismo hice en esta ocasión, me senté dándole la espalda a la entrada (cuando pequeño, mi padre, que fue el que me enseñó el arte de las cantinas y la prostitución, me dijo categóricamente: siempre siéntate mirando a la entrada del lugar, así, si algún rufían viene sobre ti, tendrás tiempo de tirarle la botella por la cara o levantar la mesa para generar confusión en lo que tomas tus güevos, los avientas y corres por tu bienestar).

En un momento determinado cuando reía a horcajadas alguien me tocó el hombro y me espantó levemente... levemente porque tenía a un par de guapuras frente a mi y tenía que ocultar todo atisbo de miedo en mi semblante, cuando volteé ahí estaba, sonriente como siempre aunque un poco más gordo, más sudado y más vulgar. Me preguntó inmediatamente por mi bienestar y por el nombre de aquellos dos soles que teníamos frente a nosotros, nos invitó a acercarnos a su mesa y departir con él y otros dos viejos conocidos.

El tomarme con la guardia baja provocó que mi mirada de indecisión hiciera que ellas le respondieran antes que yo, decidieron, sin tomarme en cuenta, sentarnos con ellos.

Mi silencio fue inversamente proporcional a su pedantería: que si es escritor de vanguardia, que como va mi hiatus (que ellos, obviamente, no conocen con este nombre), que cuando me decidiré a hacer las cosas, que por qué no les he llamado, que el por qué de mi distancia... muchísimas preguntas imposibles de responder para mi cortísimo criterio de lo que un interrogatorio es.

La noche terminó con una invitación a seguir con ellos, en otro lugar... más... más moderno. La cuenta fue larga y mi cartera corta, pues si... aquí el que ha perdido en la vida soy yo, aunque ellos tampoco son barbados para ya tenerla ganada. Perdí nuevamente contra el ganador.

Se llevaron las cuatro piernas que me acompañaban y mi dignidad. Les dije que probablemente a mi no me dejarían entrar pero que ellas seguramente querrían seguirse divirtiendo.

Al subir al viejo polo busqué el disco que desde que era joven (y podía asistir a lugares modernos) ponía a todo volumen a manera de triunfo, era mi propio trofeo y primer premio al ganador. Lo tomé con tanta fuerza que rompí la caja de plástico en el que está contenido.

The Queen is Dead comienza con una batería que cuando joven me hizo tocar en un grupito pequeño que hacía covers. Recordé con nostalgia esos tiempos, bajé la ventanilla y aventé lo más fuerte que pude esa grabación. Al prender la radio, casi al mismo momento que los limpiadores comenzaban su incansable movimiento, la vida me escupió en la cara... Born of Frustration.

lunes, 18 de abril de 2011

Sobre hoteles y mentiras.

La última ocasión que toqué tus pies debajo de las sábanas de un hotel fue esa ocasión en la que lo ocupamos para dormir aunque no teníamos muchos deseos de hacerlo. La pena nos hizo quedarnos viendo frente a frente sin decir nada. Vimos los canales porno mientras afuera llovía, mientras esperábamos que quitaran los alcoholímetros para irnos hasta el fin del mundo.

Siempre que abro la puerta el olor me emborracha. Es olor a sábanas limpias y a detergente barato. A alfombra recién aspirada y jabones pequeños reposando en la tina. Rercuerdo como comenzamos a confesarnos nuestras fechorías, tu ya te sabías todas las mías y cuando te las repetí te dio mucha risa, te sigue pareciendo increíble que me comporte de esa manera y nadie atine a darse cuenta. Tú si que me hiciste reparar en muchos detalles, detalles que me perdí frente a mi, de espaldas a mi y muchos a mi lado. Fue como intentar dormir con ocho personas más a la vez y esas ocho personas me jugaban una broma pesada. Fue como soñar que llegaba desnudo por la mañana a la escuela pero en lugar de entrar al salón, entraba a alguna fiesta en donde todos estaban ahí, mirándome y burlándose.

Me gusta cuando comienzas a convertirte en parte de la inspiración y no te das cuenta. Pero me gusta más cuando me freno, volteo por el retrovisor y te volteo a ver... tu mirada espantada diciendo que no lo haga hace que meta la primera en lugar de la reversa. Aunque realmente mueres porque meta reversa y me vuelva por ti. ¡Me vuelva loco por ti!

domingo, 10 de abril de 2011

Confieso que te observo y me mantego observándote buena parte del tiempo. Te acoso y te sigo sin que te des cuenta. Miro por la puerta entre abierta cuando duermes y me meto entre la espesura de tus sueños y te veo corriendo en ellos lejos de mi. Confieso que lo hago no sólo porque me gustas, sino porque me estoy obsesionando contigo. También confieso no ser morboso, te miro de la manera en como los devotos lo hacen. Porque soy devoto de que me veas, de que me sientas, de que sepas que estoy ahí, viéndote.

Me gusta el monte que forma tu cadera, la manera en como se ciñen las sábanas a ti al momento de girar. Dirás que no tengo nada que hacer, pero el observarte es una de mis actividades favoritas, aunque tu no tengas el tiempo de darte cuenta.

martes, 5 de abril de 2011

La entrada 101...

... es a salud de todas aquellas que no me cogí.

Y es que estoy tan acostumbrado a decir que no... muchas gracias. Además de acostumbrado a ser fiel que eso me ha hecho despreciar muchas ocasiones. Esta hora y media fue a salud de aquellas y aquellos en los que alguna ocasión les dije que no, aunque tenía ganas de decirles que si.

domingo, 3 de abril de 2011

El Visisonor.

Los domingos son tan tristes como las llamadas de los padres a la casa donde ya no viven buscando cariño y compañía larga distancia con la hija que casi no ven y que extrañan. Los domingos son tan tristes como pedirle a alguien que no borre su facebook porque te aparenta proximidad. Los domingos son tan tristes como no saber donde dormir (y cómo hacerle para quedarse dormidos). Los domingos son tan tristes como buscar en google "Andrés Sánchez-Juárez". Los domingos son tan tristes como recordar los domingos en que tomábamos café antes de entrar "al aire".

jueves, 31 de marzo de 2011

Los Cramps

Muchos huesos rotos, sangre, sudor, saliva... Fue casi como si hubiera llegado Dios y se hubiera corrido sobre todos nosotros, todos manchados del semen del creador, de su sudor, de su sangre. Nos gestó ahí a todos nosotros, víctimas del sol y del suelo de un viejo estacionamiento, hijos bastardos de quien se corrió sobre nosotros. Nunca nos reconoció pero secretamente siguió todos nuestros pasos minuciosamente.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Que daría por tener tu edad...

Si tuviera tu edad ya te habría robado el aliento. Me habría disfrazado del más audaz de las personas y te haría ver el mundo con los colores con los que yo lo veía, ese morado y ese verde que chorreaba como si estuviera en ácido todo el tiempo. Fumar de ese nectar que me volvía loco y que me hacía realizar las peores de las pendejadas y permanecer despierto hasta ver tres veces seguidos el amancer y luego dormir por semanas enteras sin soltarte de la mano, sin soltarnos de la mano. A veces tan feroz, a veces tan dócil. Si tan sólo tuviera tu edad...

lunes, 28 de marzo de 2011

Above you, below me...

Estoy peleado con la única que no debería, con mi cama... No nos llevamos bien, ella no me quiere y a mi no me cae muy bien. He intentado hacer las pases cientos de veces con ella y termina mandándome a dormir al sillón. Ella, como el macho que es en esta relación, se queda viendo los resúmenes deportivos hasta tarde y a mi me manda a dormir a otro lado.

Es fría y dura conmigo, no me brinda el calor necesario que un hombre como yo está acostumbrado a recibir y al contrario, yo en un comienzo le ofrecí todo mi cariño y mi persona a su disposición. Es triste pensar que gracias a eso ahora yo ande con el corazón hecho trizas, la mirada desencajada y unas ojeras enormes que hacen pensar que insomnio está a pelo pero no... es simplemente que mi cama no me quiere.

sábado, 26 de marzo de 2011

¡La cerveza siempre ha sido el nuevo negro!

Mi papá es bien aburrido. Ayer me quedé a dormir en su departamento de soltero. Viernes, Jesus and Mary Chain, noche, ánimo y no tiene una sola cerveza en su refrigerador y en el cajón en donde esconde sus más preciados recuerdos no tiene nada de drogas. Si quiere volver a ser joven necesita comenzar por tener alcohol y drogas. Me tumbé a leer toda la noche hasta que por ahí de las dos me empezó a dar sueño y boté el libro, apagué la música y me dispuse a dormir. Unos minutos antes de las cuatro recibí un mensaje que no pude descifrar, pensé que eran amigos queriendo caer o que era número equivocado, no alcancé mis gafas y volví a dormir. Media hora después me dieron ganas de orinar. Lo que usualmente hago posterior a jalarle al vater es urgar en el refrigerador por algún refresco amargo y recordé que no estaba en mi casa, sino en el departamente del soltero menos soltero del mundo y menos arriesgado de la ciudad.

Regresé a la cama y no pude dormir. El mensaje decía: Suena Heartbeats y que me acuerdo de ti. Ahora resulta que con todo me acuerdo de ti. Me cagas. Ojalá que no te despierte.

Me volví a quedar dormido como a las seis, tal vez más tarde porque comenzaba a filtrarse una luz azulosa por la ventana. Prendió la lámpara automática (esas que detectan movimiento), tocaron a la puerta y el adormilado y pendejo que vive en mi fue a abrir. Una mujer de piernas larguísimas y más alta que yo ofrecía no se que madres, tuve un inmediato arrebato sexual. Lo demás, lo dejamos para la cruda que tengo ahorita, los discos que me robaron y el desmadre que se quedó. Me dio güeva recoger y finalmente, el refrigerador del soltero, ya tiene cervezas...

jueves, 24 de marzo de 2011

Voy a terminar nadando entre los peces del puerto de Veracruz.

(no se nadar...)

Estar enfermo me sensibiliza. Recuerdo la última ocasión que tuve fiebre, terminamos llorando juntos y comiéndome mis mocos, pidiéndote disculpas por todas las veces que terminaba en los brazos de alguien más y tu me diste el indulto todas y cada una de las ocasiones.

Hoy me sensibilizo nuevamente y eso me capacita para no romperme el culo... para no partirme en dos y permanecer un poco quieto en la orilla del malecón mientras veo como, hasta el otro lado, me digo a mi mismo adiós, agitando la mano severamente para alcanzar a verme hasta el último minuto de nuestra despedida. Yo, el de aca, me quedo llorando, creeme que te voy a extrañar; parte rebelde, tenaz, ágil, genial cogedor y mejor practicante del sexo oral, dicharachero y conservador en la cantina cuando es necesario, libertario de los puños que nunca fueron capaz de liberarme a mi, el que se queda del otro lado del muelle llorando la nostalgia de que se van los mejores días. Tú y yo lo sabemos, nómada incansable.

Yo me quedo con los que dejaron de ser amigos, tu te vas a vivir la vida a la que no pude seguirle el paso.

jueves, 17 de marzo de 2011

Podría desgarrarla con mis manos. Con estas manos llenas de arrugas y líneas de la vida inconclusas le arrancaría lo poco que le queda de ésto. Comenzaría por atar a las enfermeras, una por una, justo a las tres de la madrugada... al fin que cada que salgo a esa hora a lavarme los dientes y a orinar todas están dormidas. Después entraría a robar algún instrumento que interrumpiera su aliento en menos de  un instante. Sería tan veloz que ni siquiera me lanzaría esa mirada de sorpresa que me lanza por las noches cada que voy a verle. No soportaría que me viera a los ojos. Aun siendo que ya no veo vida en esa mirada, no soportaría verla por última vez.

Tal vez después, en un arranque de ira, como los muchos que tengo, trataría de acabar con todos. Todos esos que entran bromeando, sonrientes, juguetones entre ellos, mientras uno intenta dar aliento al que no lo tiene. Me deprimen esas noches cada vez más y no le veo otro camino. He jugado tantas veces a ser Dios y en el momento mismo en que deja de ser juego me convierto en más niño que nunca.

jueves, 3 de marzo de 2011

No me quejaré, no más...

Esta es la ocasión número 24 en seis años que digo que no me quejaré. Recuerdo bien la primera ocasión. Fue esa navidad en que me llevaron al putero ese de mala muerte sobre la Vía Morelos. Que ganas teníamos de calentarnos pero teníamos todavía más ganas de adrenalina. Paseamos por todos los lugares que pudimos de la avenida central entrando sin pagar nada. Argumentábamos que queríamos ver el ambiente y a los quince minutos de recibir miradas hostiles y de pocos amigos corríamos a la puerta de salida agitando en el aire los brazos y gritando un gracias, no nos gustó. Corríamos al VW Sedán 1976 que nos esperaba afuera, ustedes dos empujaban y yo al mando del timón metía el embrague (después te metía la lengua entre la boca a la fuerza, tu cerrabas la boca y era casi imposible besarte, cuando lograba que cedieras un poco me mordías la boca y la lengua tanto hasta sangrar pero me encantaba. Acto seguido me empujabas y te ibas contra mi a golpes, al verme sangrar te acercabas a mi tímidamente pero sin dejar de empuñar el desarmador por cualquier cosa, cuando bajabas la guardia el dorso de mi mano se impactaba, regularmente, debajo de tu pómulo y entre la barbilla, caías al suelo, llorabas y terminaba todo... te tumbaba en la cama, cerraba con llave y me largaba de ahí), la velocidad y le daba switch al que llamábamos mini cooper. Arrancaba y ustedes dos corrían, portezuela abierta y andando se subían. A buscar otro lugar.

La ansiedad llegó con el segundo juramento a las quejas no más, no words no more. Cuando después de chillarte mi última calamidad y decirte que había llegado así por culpa de mi existencia, mi derrotista manera de vivir, mi alumbramiento y mi manera tan rápida de decender al abismo sin siquiera haber disfrutado lo suficiente las mieles de la victoria. Tú, como siempre, me hablaste con desprecio para terminar cogiendo y bebiendo y mirando tv. Después nos poníamos a recitarnos poesía y a decir que mañana lunes nuestra vida sería distinta y haríamos todo mejor, buscaríamos empleos y rentaríamos un lugar decente, ese mismo que S. nos había recomendado y que nunca fuimos a ver. Llegaba el lunes y encontrábamos un buen motivo para recibirlo con los ojos abiertos, las pupilas dilatadas y la boca seca a las nueve de la mañana buscando que desayunar y como curar el dolor de un domingo que se convirtió en viernes que se volvió lunes, todo tan frenéticamente para terminar vomitando detrás de una maceta mientras "tu compadre" orinaba mi espalda y yo hacía aspavientos para quitármelo de encima. En ese momento algo parecido a la ira ardiente quemó mis entrañas y mis nervios, tendones y músculos. A partir de ahí todos los lunes a la misma hora siento como esa ira quema mi interior y se convierte en ansiedad, incontrolable, irrefrenable que sólo mis nudillos saben como terminará... golpeo lo que sea, aprieto los dientes, muerdo cuantos pechos puedo, aprieto mis testículos y en un momento, aparezco llorando en el rincón mientras alguien en el trabajo me pregunta: ¿se siente bien, joven...? porque necesito que me atienda ya.

El tercer monumental aviso contra las quejas fue en ese año en el que el ruido de las escaleras se dejó de escuchar, el ruido de las olas chocando dejó de emocionarnos y al abrir el cajón grité: quien me ha robado el mes de abril.

Siempre te dije que el mes de abril era mi canción y que a la vez era la felicidad... fueron muchas noches dedicadas a decifrar si yo era el del traje gris y si era cierto que el mes de abril es la felicidad. Desde aquellos años que no pierdo la conciencia y desde aquellos años siempre he terminado corriéndome. Un año más jurándote jurándome que no volveré a quejarme.

miércoles, 2 de marzo de 2011

"Ya estás viejo" me digo a mi mismo todas las mañanas y antes de irme a intentar dormir.

martes, 1 de marzo de 2011

Sucio...

Dime y hazme cosas sucias, renueva mis instintos que no los actualizo desde el '99. Haz que vuelva a tener esa sensación de hormigueo en la zona lumbar que hace que me ponga erguido y que abra un poco los labios, apriete los dientes y absorba aire. Que cuando comience esa aspiración tapes mis ojos con tu mirada, luego con tu mano y me aspires antes de que me vaya por completo. Vuélveme loco, hazme y vuélveme a hacer a tu antojo. Mírame, tócame y sobre todo... déjame tocar. Háblame al oido y dejame sentir todo lo que has aprendido sin mi. Tenlo por seguro, parezco seguro y experimentado pero... soy un cordero con piel de lobo.

lunes, 28 de febrero de 2011

Conversando sobre inversiones vía sms.

E: Bajé la madrola de Eno de 77 millions paintings y apliqué el ordenador y la salida hdmi al led de 52"
R: Woa... condenadote.
E: Mejor aún: #fingerednecesario... jajajaja
R: Uff! La cachondería sucia de Lydia Lunch en HD. Te envidio... CERDO! jajaja

jueves, 24 de febrero de 2011

El insomnio es el nuevo negro (parte 2)

Duermo en el sillón porque no puedo dormir, si... tienes razón. Pero también lo hago porque no pertenezco en ningún momento a este lugar, no soy de aqui ni soy de allá dice la puta canción esa. Pero sabes, el más grande motivo por lo que lo hago es porque me deprimía verte ahí, el malquerido, abandonado y sólo. Nunca te quedo hacerte el martir. Cuando menos cuando desaparezca como Richey ya no tendré que verte haciendo aspavientos, ignorando y durmiendo en donde no perteneces, en donde no pertenezco.

Si estoy aqui es porque me lo merezco. Tampoco hagas corajes por mi culpa. Aunque te agradezco un poco que los hagas.