domingo, 30 de enero de 2011

La vida está allá afuera. Con paredes color de verde y letras que se derriten a cada paso que doy.

El tiempo aqui dentro está parado y por eso no quiero ver a nadie ni que nadie me vea. Es como un día enorme, que nunca concluye y yo estoy cansado y no tengo ni donde recostarme a descansar un poco. Sin poder dormir.

Ya estoy muy cansado. Lo único que quiero es que me den tiempo para llegar antes de que anochezca y poder dormir.

jueves, 27 de enero de 2011

Hablando de inversiones vía mensajería instantánea 2

O acuerdo sobre las invitaciones electrónicas.

Recibí una invitación electrónica para asistir al festejo de cumpleaños de un viejo amigo y noté que si no fuera usuario de semejante red social no me habrían avisado. Mi hermana desistió de tenerlo y tampoco le han avisado de varias actividades que desarrollan sus amigos. Me habría encantado ver a Balzac escribiendo en el muro de Victor Hugo.

El ser parte de la modernidad y tener esa invitación electrónica me da como bonificación el saber quien va a acudir y entre los asistentes está el tipo más pedante, altanero y poco cordial que en mi corta vida haya conocido. No hay nada mejor que no ir, aunque tal vez ponga mis arrogantes pies en ese lugar sólo para saludar al festejado y decir: me voy porque aqui...  el hedor es fuerte.

jueves, 20 de enero de 2011

Que andaban del brazo de un tipo que nunca era yo.

Te bajaste en medio de un pueblo que nunca supimos como se llamaba, te molestaste que viniera coqueteando con cuanta mujer podía de retrovisor en retrovisor. Me gritaste que ni cuando era taxista fui capaz de hacerte cosas así. También argumentaste que era demasiado... ¿qué será de mi... (me escupiste en la cara) al llegar a la ciudad del pecado? No te contesté para variar y antes de azotar la puerta me dijiste que este silencio era el más explícito de todos los silencios entre tú y yo, que para cuando regresara, si me placía hacerlo, no encontraría ningún resto tuyo.

Te fui siguiendo y no me importó el tráfico que iba haciendo en esa pequeña calle. Nunca había visto tus pantorrillas tan enojadas conmigo pero tan excitantes, es como ver aquello que perdiste, el fruto del pecado, la carne del vecino, la mujer del prójimo. Sabía que ya no serías mía y no quería escapar ese último y fugaz encuentro. Te grité preguntándote por que ahí, porque cuando por fin tuve tiempo. Me dijiste metódica y altanera: porque este pueblo huele a café, tabaco y ron, tus tres aromas. Gritándote (para que todos nos escucharan) te cuestioné por qué el tabaco si nunca he fumado. Dijiste que con todos aquellos que me engañaste fumaban después de cogerte y en ese segundo de culpabilidad deseabas que ninguno de ellos fumaran y que te abrazaran por la espalda, besaran tu espina dorsal y se quedaran dormidos en tu hombro, justo como yo.

jueves, 13 de enero de 2011

Ahora si, completamente vacío. Se fueron las ideas. No se subieron al elevador conmigo y desde aqui arriba, en el mirador, puedo ver como se van caminando tomadas del brazo de otro hombre.

martes, 4 de enero de 2011

Diario de un sedentario

Como cada tercer día me corté en la mejilla derecha justo donde empieza la patilla. La navaja de afeitar que me regaló mi padre antes de que se fuera es venenosa como tú y le encanta encajarse en el mismo lugar.

El día no tuvo sobresaltos, como cada 17 días me quedé sin gasolina antes de atravesar Calzada La Virgen y tuve que empujar el coche antes de que algún agradable oficial de tránsito me levantara infracción por no tener dinero para cargarle con anterioridad. Tuve fuerzas para llegar a la misma gas en donde siempre recargo después de empujar, siempre cada 17 días.

Durante el trayecto le cedí el pasó a la misma chica que me sonríe todos los días a las 8:45 en el paso peatonal frente a la Cámara de Diputados. Después de darle el paso y lamentarme no tener los güevos para decirle que la llevo y faltar al trabajo le miento la madre como todos los días a los diputados. Mi grito es airado y lleno de coraje, agito la mano y el mismo barrendero me ve y se burla de mi diaria mofa.

El tipo que las primeras dos ocasiones lavó mi parabrisas ahora me ve y rodea el coche a la altura de Canal del Norte. Yo veo como el local de camisetas Monster es abierto por un par de tipos, hombre y mujer; él, medianamente apuesto, galán de barrio; ella, siempre usa playeras cortas que le permiten mostrar ese par de hoyuelos en la parte baja de su morena espalda (si tuviera amigos médicos les preguntaría como se llama esa cabidad tan sensual), como siempre le regalo un suspiro y un apretón de entrepierna.

Siempre al llegar mi espacio de estacionamiento está siendo ocupado por alguien más, hago coraje pero de manera derrotista, como todos los días, busco otro espacio aunque esté más alejado.

Acomodo la silla, la pruebo entusiasmado como si estuviera a punto de comprar el futón oriental que nunca compraré, me levanto y corro por un café; me gusta abrir las cucharas desechables y ser el primero en meter las manos entre las cucharas limpias.

El primer "enter" es a las nueve en punto...