lunes, 14 de febrero de 2011

Tractat sobre como ser un buen mediocre

O mi incapacidad para tratar con chicas guapas.

En reiteradas ocasiones me han dicho que le cago a la gente por arrogante, por escuchar música rara, por sentirme intelectual (de cuarta o quinta, obviamente), por ver "movies" de arte y por intentar leer miles de libros. Lo que no saben es que ocupo todo eso como especie de escudo para no revelar ante mis enemigos, que son muchos, lo débil e inseguro que soy. Soy una masa amorfa de inseguridades y mala estima.

En medio de alguna de las disertaciones que llevaba a cabo frente a mis peores rivales para que, o se burlaran más de mi o se quejaran más de mi, llegaron un par de jovencitas que a leguas se les notaba (gracias a su movimiento frontal de caderas) el gusto hacia mi persona. Toda esta palabrería inútil que escupia, y de la cual ya no me acuerdo, les atrajo y sus miradas me atrajeron a mi. Me sentí como cuando tienes frente a ti tu primer revista porno y comienza a brotar debajo de los pantalones una reciente primer erección juvenil y repentinamente algún familiar, usualmente la madre, entra intempestivamente y te topa con una playboy signore impresa en 1986 con los mejores culos ochenteros de la historia. Tu la escondes, al igual que tu bragueta y urgas rápidamente entre tú mochila para ver que puedes encontrar para disfrazar la emoción mientras tu madre/padre insiste en humillarte como ellos fueron humillados anteriormente.

Fueron las que menos atención ponían aunque más fijamente me miraban, no sabía que hacer y desviaba mi mirada cuando tenía que pasar por sus ojos. Cuando veía a la primera, a la que llamaremos G. mi mirada se desviaba hacia sus piernas, torneadas y quemadas y la otra, que llamaremos A. la desviaba hacia su escote, que brotaba como agua de manantial en medio de la ciudad desierta. Me apuré en mi discurso para poder irme rápido a masturbarme al baño. Para mi mala fortuna se quedaron hasta el final. Repetí fácilmente en tres ocasiones lo mismo, tartamudee, me sudaron las manos y sentí un ligero brincar de mi ojo derecho.

Cuando todos se fueron y ellas dos se quedaron cada paso que dieron hacia mi era como un latido desbordante de mi corazón. Se acercaron, estrecharon sus manos con las mías, la más audaz, G, me jaló para besar mi mejilla. Ya solas conmigo se presentaron y me dijeron: no te acuerdas de nosotras, íbamos con tu hermana en secundaria, como puede ser posible. Se fueron como llegaron, alegres, brincando; irradiando esa luz juvenil que nunca tuve y que nunca tendré. Para variar, volví a caer en el incendiario mortal de mi imaginación. Ya que se fueron, pude ir a masturbarme libremente al baño.

Mis detractores me odiaron más porque también pensaron que la carne joven se habían fijado en el bife viejo. Pensé decirles que había acordado una cita en algún hotel con ambas, pero eso habría sido demasiado.

3 comentarios:

  1. será rubia G. supongo

    ResponderEliminar
  2. Ya se que he sido insistente en el ámbito de las rubias a mi alrededor, pero no... tampoco es para tanto.

    ResponderEliminar