lunes, 18 de abril de 2011

Sobre hoteles y mentiras.

La última ocasión que toqué tus pies debajo de las sábanas de un hotel fue esa ocasión en la que lo ocupamos para dormir aunque no teníamos muchos deseos de hacerlo. La pena nos hizo quedarnos viendo frente a frente sin decir nada. Vimos los canales porno mientras afuera llovía, mientras esperábamos que quitaran los alcoholímetros para irnos hasta el fin del mundo.

Siempre que abro la puerta el olor me emborracha. Es olor a sábanas limpias y a detergente barato. A alfombra recién aspirada y jabones pequeños reposando en la tina. Rercuerdo como comenzamos a confesarnos nuestras fechorías, tu ya te sabías todas las mías y cuando te las repetí te dio mucha risa, te sigue pareciendo increíble que me comporte de esa manera y nadie atine a darse cuenta. Tú si que me hiciste reparar en muchos detalles, detalles que me perdí frente a mi, de espaldas a mi y muchos a mi lado. Fue como intentar dormir con ocho personas más a la vez y esas ocho personas me jugaban una broma pesada. Fue como soñar que llegaba desnudo por la mañana a la escuela pero en lugar de entrar al salón, entraba a alguna fiesta en donde todos estaban ahí, mirándome y burlándose.

Me gusta cuando comienzas a convertirte en parte de la inspiración y no te das cuenta. Pero me gusta más cuando me freno, volteo por el retrovisor y te volteo a ver... tu mirada espantada diciendo que no lo haga hace que meta la primera en lugar de la reversa. Aunque realmente mueres porque meta reversa y me vuelva por ti. ¡Me vuelva loco por ti!

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