lunes, 16 de mayo de 2011

Sobre la vida cotidiana...

Hoy regresé a cerrar un enorme círculo abierto. Regresé a encarar a aquella que me desgarró por dentro, que me llenó de infortunio y de desgracia, que me traicionó y me apuñaló por la espalda. Aquella que realmente nunca me quiso y sólo me utilizó. Si, volví a mi pinche universidad.

Y recorrer los pasillos casi seis años después de cuando entré por primera vez no fue nada satisfactorio. Ya ni los despachadores de papel sanitario son los mismos. Ya no se escucha a los Happy Mondays por los pasillos. Ya nadie me saluda. Ahora Ed Hardy se ha apoderado del lugar, las cabezas rapadas y los motivos dorados son habituales en el "universitario" promedio. Pinche infierno de lugar.

Me sudaban las manos copiosamente antes de llegar. Procuré estacionarme muy lejos y pensar todo lo que iba a decir mientras caminaba. Preparé un discurso sufridísimo acerca de mi persona, mi vida y mi larga ausencia pero justo una cuadra antes, al ver el viejo café al que sólo entré una ocasión, me hizo pensar: a la verga toda preparación, entraré, encararé el futuro, el incierto destino y le aplicaré mi mejor derecha sobre su rostro cubierto por esas viejas telas obscuras hasta dejarlo al descubierto y lo haré que hable, que me diga porque no me quiere y porque no puede llevarse bien conmigo. Y justamente eso hice.

Me paré con tanta seguridad frente a toda autoridad universitaria que hoy me acogió con sus billeteras abiertas, que ni yo mismo creía que fuera yo quien estaba ahí, parado frente a esos nuevos y jóvenes chupasangre que te asignan un número de cliente (venta o pérdida) y no como un cerebro que puede ofrecer tanto. Y es que en un momento, cuando hablaba con esa autoridad regente de ese supuesto lugar de estudio y le tuteaba sin mayor timidez, me desprendí de mi ser y me observé, me califiqué siendo el más duro de mis sinodales y aprobé con honores. Despaché como el mejor orador que ese engendro del mal haya visto.

El incierto destino y yo hoy nos dimos la mano en señal de una pequeña tregua. Se que el muy cabrón en cualquier momento me chingará como muchas ocasiones atrás lo ha hecho, pero cuando menos en esta ocasión yo no seré el que comience el conflicto, el que me ponga el pie.

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