jueves, 26 de mayo de 2011

This one for the freaks...

El último día que Richey James tocó con los Manic Street Preachers mi hermana apenas tenía dos años. El Popocatepetl escupió tanta ceniza que ninguno de los niños del barrio que salíamos todas las tardes a jugar al fútbol en la calle lo pudimos hacer. Mi madre se espantó tanto con las coladeras tapadas y el parabrisas del coche que lloraba desconsolada encerrada en el guarda ropa. Mi padre cuando llegó a casa parecía que había luchado contra zombies deseosos de comerse su cerebro, por un momento pensé que ya era uno de ellos. Sus ropas razgadas, su nariz ensangrentada y sus ojos rojos me hacían creer que venía por nosotros no para salvarnos del juicio final, sino para devorarnos, para arrancarnos las entrañas. Ese mismo día un camión de refrescos se estrelló contra la jardinera en donde siempre me sentaba a refrescarme tras un recambio de defensa por mediocampista. Se llevó la jardinera y se atoró con el árbol. Estuvo a nada de entrar hasta la tienda por la cortina pero no hubo nadie que lo constatara.

Recuerdo, como mientras me asomaba por la ventana a ver la ciudad en tinieblas, un dejo de nostalgia me pegaba en el pecho y me hacía voltear al cielo con extrañeza. Mi pequeña hermana, que estaba más pequeña aún, me preguntaba con su diminuta y balbuceante voz si todo estaría bien (sus ojos rojísimos y su boquita que casi estallaba en llanto me hizo comprender). Yo no sabía si las cosas estarían bien, sólo sabía que no la iba a soltar de la mano jamás. Le dije que si y ella con sus pequeños deditos apretó fuerte mi mano, estaba tan espantada como yo.

Desde ese día nunca he faltado a la cita de apretarnos las manos mientras vemos la ciudad a través del vidrio de la ventana al tiempo que le juro que todo seguirá bien.

3 comentarios:

  1. Esas son las promesas que nunca se deben olvidar y mucho menos dejar de cumplir, porque son los unicos que tienen la capacidad para difuminar la preocupación con un poco de seguridad y esa nostalgia aniquiladora en risas estruendosas, más estruendosas que las tinieblas.
    El corazón se me deshizo ... me he quedado sin palabras.

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  2. Y me gusta sentir esa seguridad emanando hacia el exterior aunque por dentro esté igual o más espantado y no por eso quiere decir que se sea hipócrita, tan sólo es el sentido de poder brindar protección, es como estar en el momento y tiempo adecuados.

    Si te digo que después de escribirlo y leerlo, los ojos se me llenaron de lágrimas.

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  3. Te creo, eres afortunado al poder dar esa protección y conocer ese sentimiento de hermandad :)

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