domingo, 12 de junio de 2011

Soul kitchen...

Por la mañana, cuando volví a ponerme en pie, caminé hacia la cocina. Empujé la puerta y al adentrarme un aire espeso, enrarecido y sumamento aromático inundaba todo el lugar, sentía que había mil cortinas todas delgadísimas y tenía que irlas empujando todas para poder moverme.

A media madrugada me desperté, estaba en medio de un sueño perturbador: una chica guapísima iba detrás de mi dentro de un enorme taxi que ella me había solicitado. Ella me conocía y me hablaba con naturalidad y confianza pero yo no podía mirarla a los ojos. Al pedirme el taxi acercó tibiamente su mano al bucle que cuelga de mi frente, lo movió ligeramente hasta descubrir la cicatriz en mi y me dijo cariñosamente: mi vida, sería posible que me consiguieras un taxi, ya todos se han ido y estoy sola. Una súbita erección en mi sueño se manifestó, durísima y de tal exageración que podría ser visible hasta para un invidente (y lo digo porque estábamos en un Four Seasons y el chico que ayuda con las maletas no tenía ojos, sólo un par de cavidades ondas, vacías, volteo a verme, como si un sentido adicional le hubiera indicado que la traía paradísima).

Dentro del taxi nos dirigimos en medio de la lluvia a un chalet. Escuchaba la conversación que celebraba con alguien que no se de donde apareció. Ella le decía que no estaba convencida de decírmelo y comenzó a tocarme los hombros, sus largos dedos y sus suaves manos comenzaron a filtrarse por entre el cuello de mi desabotonada camisa y tocaron mi clavícula, bajaron hasta mi pecho y apretaron mi pezón, yo firme y estoico no volteaba, sólo le regalaba miradas a mi excitadísima bragueta. Al llegar al lugar la lluvia se intensificó. A la distancia alcanzaba a distinguir que en la habitación que me correspondía había alguien esperándome, cargaba algo en la mano, no alcanzaba a distinguir ni que era ni quien era. Cuando por fin ella se había decidido a decirme, yo ya traía la bragueta abajo y sus manos, que se habían alargado como un tentáculo, estaban justo debajo de la hebilla de mi cinturón. Dijo: "Rudyard, la cuestión es..." y en ese momento abri los ojos. Un mensaje de teléfono celular rezaba: "Te mando un beso de desayuno y otro para refrescar tu boca".

Intenté volver a quedarme dormido, descifrar el sueño. No lo conseguí. Me levanté para tomar un poco de agua y aclarar mis ideas, pasaban las cuatro de la madrugada de un domingo apacible. Al llegar al comedor se escuchaban respiraciones agitadas, susurros. Caminé con cuidado, con un poco te temor. Tropecé con unos pantalones y me di cuenta que mantenía firme la erección del sueño y pensé por un momento que continuaba en él. El lugar se tornó caliente, de un calor casi desértico. Al llegar a la cocina me asomé por el ojo de buey y observé como dos cuerpos conocidos se movían frenéticamente acompasados. Rápidamente comencé a jalármela. Mis gafas se nublaron y mi placer era inmenso al ver como se la estaban metiendo a la chica que minutos atrás no se decidía a decirme algo que nunca supe que era. Al tiempo que yo tocaba mi pecho, asemejando su mano, con dureza me masturbaba mientras ellos cambiaban de posición. Al ponerla de espaldas a él e inclinarla hasta alcanzar los noventa grados ella me volteo a ver, sudorosa, ligeramente cansada y al mismo tiempo que él la penetraba ella movía sus labios diciéndome algo... un mensaje de celuar me despertó, estaba yo agitadísimo. El mensaje rezaba: "Te mando un beso de desayuno y otro para refrescar tu boca".

Seguro de que ya no estaba soñando toqué mi verga con nostalgia de que nada había sucedido y ya sin ganas de descifrar lo indescifrable me levanté por un vaso con agua. Volví a tropezar con unos pantalones en el suelo pero no puse mucha atención, al llegar a la cocina me estaban esperando con un vaso con agua y con urgencia me dijeron: "un beso para refrescar tu boca".

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