miércoles, 13 de julio de 2011

Cinismo y vicios

La primera ocasión que bailé contigo los nervios me desbordaban, salían de mi como olas buscando un nuevo cauce.

No es que sea indeciso, tan sólo nunca tuve la necesidad de ser yo el que invitara, el que diera el primer paso o el que tomara la iniciativa. Prefería ver la vida pasar con una pequeña vara de trigo entre mis dientes, el sombrero ligeramente gacho cubriendo el contacto de la luz del sol con mis ojos y una mueca de indiferencia en mi semblante (esa aún la conservo). Tampoco estoy diciendo que la suerte haya estado siempre de mi lado, dejé ir varias oportunidades por la indiferencia; pero esta ocasión... esta ocasión no podía dejarla pasar.

Desde la ultima vez que dije que no a un ofrecimiento de baile en la graduación de la prepa y tiraron sobre mi camisa blanca el ponche rojo sangre ligeramente aderezado por una turbia bebida alcóholica, me había prometido ausentarme de toda posibilidad de ser "sacado" a bailar pero esa noche se salió de mi control.

Desde que llegué y vi tu espalda desnuda apresuré los tragos para darme valor y soltura. Mi mueca de indiferencia y hartazgo se convirtió en una leve sonrisa cada que me volteabas a ver. Cada vuelta que dabas permitía ondular ligeramente el verde de tu falda y dejaba entrever un par de firmes piernas. Yo disimulaba y desviaba mi mirada y mi atención a la conversación que llevaba con alguien más. Las sonrisas y las miradas eran para ti pero las escondía en una disertación acerca de política económica bajo los nuevos regimenes económicos en la America Latina postmoderna que poco a poco fueron acabando en "comoesquelosamigosterminanodiándose". De un momento a otro tuve que voltear hacia donde tú estabas, copa en mano y me topé contigo de frente, tu mirada, tu sonrisa y tus labios que se movían cadensiosamente diciendo algo ininteligible para mi, estaba tan perdido en su forma, su textura y su grosor que no entendí palabra alguna que me dijiste; para disimular el no haberte puesto atención acerqué mi oído a tu boca para que me lo repitieras con más fuerza como si mi sordera fuera factor, grave error, lo único que provocó tu aliento cerca de mi oído fue sentir como tu boca subía por mi espina dorsal hasta depositarse en la nuca y erizar todos los miles de bellos en mi cuerpo; decías: vamos a bailar.

Mi torpeza se vió reflejada aunque mis manos supieron posicionarse rápidamente tomando tu espalda. Te rodee y te acerqué a mi convencido de lo que ambos queríamos, de lo que ambos necesitábamos. Yo no podía dejar de mirar nuestros pies por temor a abalanzarme sobre tu boca más que por no saber bailar. La canción duró un instante que se esfumó repentinamente y cuando nos separamos estaba agitadísimo, sentía como esos nervios se desbordaban, salían por el cuello de mi camisa, por la bragueta del pantalón, por todos lados y tú los veías escaparse de mi y me sonreías, esa sonrisa maliciosa que va acompañada de una ligera succión de labios recogiendo el exceso de saliva que te han dejado esos otros labios al separarse de los tuyos. Me separé de ti pensando que esos labios eran los mios y que por vez primera había dejado de ver la vida pasar y la había tomado apretándola por la espalda.

4 comentarios:

  1. Con una sonrisa te digo : Vamos a bailar!!

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  2. Sólo si me enseñas... baílame! :)

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  3. Linda descripción metafórica de ser tímido, de no atreverse y al final, con desición, asirte de lo que deseas, de tu meta, de tu amor, de tu deseo...

    Gracias por compartir tus textos, me fascinan..

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