domingo, 3 de julio de 2011

Siempre es tiempo para una Guinness...

Salimos pedísimos del pub, tanto que olvidamos que llevábamos el coche. Íbamos abrazados para evitar caernos en medio de la llovizna que avisaba que habíamos olvidado el paraguas en el lugar. Como siempre fuimos amuleto de fortuna, cuando entramos el lugar estaba vacío y cuando salimos estaba a reventar, no cabía un alfiler. Tal fue el agradecimiento que el encargado de la barra me invitó un anís, cortesía de la casa... Lo bebí de un sorbo y azoté el recipiente contra la barra labrada en madera, sonrío, sonreíste, sonreímos. Inmediatamente sentí el dulce subir por mis venas y depositarse en el corazón, en parte, y la otra parte en mi cerebro. Un brote de humildad tuve al darle las gracias y su sonrisa, deforme, me dijo que la noche me esperaba.

Tropezamos con la banqueta y caímos ambos de rodillas, al levantarnos lo vimos, de frente a nosotros estaba él. Aquel viejo que alguna ocasión nos presumió que daba clases en la Sorbona, una pequeña escuelita cerca de Ciudad Azteca. Maestro en Historia del Arte y encargado del área de Educación Artística en semejante escuela; nos miró con despreció, nos escupió encima y siguió su camino. Nosotros, que no podíamos hacer nada más que llorar, nos sujetamos de las manos, nos vimos a los ojos y nos juramos jamás volver a ser celosos el uno con el otro. Recuerdo como me dijiste: el kebap que nos comimos me está oprimiendo el corazón y las entrañas, sino en este mismo momento, hermano, te diría lo mucho que te amo.

4 comentarios:

  1. me ha encantadooo :)
    y me encanta ser del reparto de una entrada tuya.
    te digo, escribes genial aunque tú pienses lo contrario ;D

    ResponderEliminar
  2. Mi queridísima Sand: has sido parte del reparto estelar de muchas entradas :D
    Me gusta que seas parte de ellas y no sólo de ellas, sino de mi vida.
    Gaby: Por qué la carita triste? Ya iremos a tomar algunas cervezas y tal vez a caminar y a que me tomes otra instantanea tronando bolitas :D

    ResponderEliminar
  3. Entiendo a Sand, me sentí halagado al encontrarme en algunos de tus textos, hasta encontré una notita en la que creía reconocer mi letra, la tuya y la de una linda jovencita pero finalmente sólo era la mía.
    Tus escritos me dejan un sabor extraño: melancolía, soledad, tristeza, cachondez, dependencia, bohemia, crisis, noche, obscuridad, un poco de alegría, alcohol...eso y más en un licuado impresionante que me trago con gula, ansiedad y ....placer, un abrazo.

    ResponderEliminar