martes, 30 de agosto de 2011

Desvaríos por la ausencia del sueño (1)

Para ser un cuerpo inerte pesaste mucho. La bolsa negra intentaba tapar la manera en como terminé contigo. El agua terminaría por consumirte. El peso que agregué al interior de la bolsa evitaría tu flote, cuando menos hasta que estuviera lo suficientemente lejos para que todos dudaran de mi, para que nadie creyera que yo había sido. Todavía recuerdo como mis manos al sujetarte del cuello fueron apretando más y más, tu así lo ibas pidiendo. Mis manos siempre fueron débiles y tu cuello muy poderoso, era casi tan fuerte como el de un pitbull. Mis yemas de los dedos nunca volverán a ser las mismas. Las venas saltadas en tu cuello dejaron una marca indeleble, asesina en mis palmas. Enterré un poco de mis uñas largas, a medio comer, debajo de tus mejillas, otra petición más. Después de hacerlo corté mis uñas y me las lavé con alcohol. No paré de disfrutar tu cuerpo hasta el último momento: tu pecho, tu abdomen, tu espalda y tus brazos. La manera en como siempre me gustó acariciar tu bello axilar perdió sentido cuando te vi tirado en el suelo con los ojos en blanco, con tu cuerpo amoratado. Al verte en el suelo lloré de coraje, coraje por tus pinches decisiones espontáneas, siempre neurótico y muy explosivo. Te patee hasta que me cansé, me tiré a tu lado y te abracé y hasta ese entonces me di cuenta de lo que había hecho...

Rio abajo pensé que me encontrarían y pasaría años en pena entre rejas, entre celadoras y celadas, entre visitas conyugales y tu ausencia. Cuando te observé hundirte a la distancia me sentí cómoda, por fin me había eliminado de ti... por fin dejabas de ser parte de mi vida...

jueves, 18 de agosto de 2011

Media noche en París (1)

Compré una máquina del tiempo. Es de medio cachete pero se ve entera. Espero me lleve y me traega de vuelta sin pedos. Cuando me la ofrecieron me pregunté: ¿yo para qué chingados quiero volver atrás? Cuando me miró dubitativo el vendedor me dijo: puedes volver para corregir todo tu pasado y en este momento ser presidente de México, no tener esos tres monstruosos hijos que tienes y posiblemente, si es todo lo que deseas, matar a tus padres desde que estabas pequeño. Mis sueños de grandeza napoleónica y de libertario insurgente nacional se vieron difuminados al pensar como correría la sangre en la bañera y como rodaría la segunda víctima por las largas escaleras. La manera en como fingiría el llanto y después en como intentarían meterme en una camisa de fuerza al tiempo que activo la máquina para más o menos aparecerme unos años después, limpio, intacto.


Una luz de esperanza en mi alma me hizo pensar que debo de tirarla. Antes pensé en darle un bonito funeral, como lo hiceron mis hijos con el gato que atropellé sin darme cuenta; recibí puntapies en mis espinillas y arrancaron un poco del pelo que me queda, fui por una caja de zapatos, cavé hasta un metro de profundidad, fui por le párroco local y le dimos santa sepultura. Ahora que terminé de recordar la sepultura del gato pensé que era mejor asesinar a los tres niños, dejar vivos a mis padres y guardar la máquina por si se ofrece revivirlos.

domingo, 14 de agosto de 2011

Egoísmo (1)

Lentamente las gotas comenzaban a estrellarse contra el vidrio y mi mirada se fijaba en alguna de ellas, la manera en como bailaba sobre las demás o las iba empujando para, de esta manera, cumplir la premisa de la gravedad. Yo siempre soñé en cumplir esa premisa y descender de golpe sobre de ti, a tus brazos, a tu vientre, a tu pecho. Pero lo único que hacía, sin importar que cayera el agua del cielo, era salir, meter mis pequeños dedos entre el resquicio tan tuyo que quería hacerlo nuestro, sobar un poco el polvo, la tierra formada por los viejos terrones de lodo que algunos llamaban adobe, alcanzar el fondo, sentir el placer de tocarlo y sacarlo, sólo así, entonces, alcanzaba un poco de ti. Entre mis dedos jugueteaba con ese cigarrillo a medio consumir que dejabas ahí dentro, justo debajo de la ventana. Siempre me pregunté el por qué de dejarlo ahí, por qué tu sorpresa al volver y no encontrarlo y voltear un poco perdida, un poco sonriente para ver si estaba a tu alcance visual ese que se había llevado un poco de ti y que a cuenta gotas le permitías ese poco que yo atesoraba y olía como si fuera el primer aliento al salir del vientre materno. Tus ojos sorprendidos me los había guardado en la memoria, las pequeñas arrugas que se formaban en rededor a tus labios al sonreír sentía que las tocaba al asomarme tibiamente entre las cortinas cuasi transparentes. Volteabas al cielo, sentías las primeras gotas del día y echabas a correr.


viernes, 5 de agosto de 2011

Parte aguas... (2)

Y nos quedamos tumbados sobre la cama con el aire soplando, moviendo las cortinas que rozaban nuestras caras y nos daban cosquillas; las mirábamos tan altas y tan blancas que parecían nubes. A lo lejos se escuchaba como la fuerza del agua pegaba contra las rocas, lo escuchábamos tan fuerte y tan claro que asemejaba cuando tu piel choca contra la mía, como cuando nuestras manos se entrelazan y las miradas golpean con tal fuerza que las piedras terminan siendo arena. Los rayos del sol apenas y alcanzaban a entrar pero lo hacían estratégicamente para iluminar tus piernas y despertarme por completo. Tu rodilla flexionada y mi mirada fija en ella y en la forma de tus muslos, ligeramente tensos, marcan una línea que los parte en dos. Me distrajo la sensación de tus ojos observándome, tu mirada clavada en mi y en las arrugas que se me marcan al sonreírte. Me encanta despertar contigo en parte por esa primer mirada del día que sueltas, mitad sueños mitad realidad; se parece tanto al momento en que separamos nuestras bocas y abres los ojos, relames tus labios, los muerdes ligeramente, me ves fijamente y vuelves a la carga. Me quedo mirándote y olvido que escapamos de la vida cotidiana por un par de días. Que tú deberías estar durmiendo en otro lado, tal vez por tus labores, tal vez en casa... yo simplemente estoy en donde debo de estar, con la mirada y las manos temblorosas, llenas de ansías... justo como las de ahora, ansías de tenerte, de tocarte, de sentirte y de ser sentidas.

martes, 2 de agosto de 2011

Parte aguas...

¿Cómo poder concentrarme cuando traigo algo tan hermoso en la cabeza dándome vueltas todo el tiempo, los pensamientos ocupados sólo en eso y el vecino escuchando a Thalia a todo volumen?