viernes, 5 de agosto de 2011

Parte aguas... (2)

Y nos quedamos tumbados sobre la cama con el aire soplando, moviendo las cortinas que rozaban nuestras caras y nos daban cosquillas; las mirábamos tan altas y tan blancas que parecían nubes. A lo lejos se escuchaba como la fuerza del agua pegaba contra las rocas, lo escuchábamos tan fuerte y tan claro que asemejaba cuando tu piel choca contra la mía, como cuando nuestras manos se entrelazan y las miradas golpean con tal fuerza que las piedras terminan siendo arena. Los rayos del sol apenas y alcanzaban a entrar pero lo hacían estratégicamente para iluminar tus piernas y despertarme por completo. Tu rodilla flexionada y mi mirada fija en ella y en la forma de tus muslos, ligeramente tensos, marcan una línea que los parte en dos. Me distrajo la sensación de tus ojos observándome, tu mirada clavada en mi y en las arrugas que se me marcan al sonreírte. Me encanta despertar contigo en parte por esa primer mirada del día que sueltas, mitad sueños mitad realidad; se parece tanto al momento en que separamos nuestras bocas y abres los ojos, relames tus labios, los muerdes ligeramente, me ves fijamente y vuelves a la carga. Me quedo mirándote y olvido que escapamos de la vida cotidiana por un par de días. Que tú deberías estar durmiendo en otro lado, tal vez por tus labores, tal vez en casa... yo simplemente estoy en donde debo de estar, con la mirada y las manos temblorosas, llenas de ansías... justo como las de ahora, ansías de tenerte, de tocarte, de sentirte y de ser sentidas.

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