martes, 20 de septiembre de 2011

Una cerveza tras otra a ver quien perdía primero. El perdedor, la apuesta de siempre: dolor, placer y ansiedad. Finalmente ninguno pierde; siempre gana la piel un sabor impresionante, dulzón, a ti, a mi, a los dos juntos. Me gusta ocultar mi erección en medio de la calle con tu cuerpo, tú, tambaleante, atinas a decir: estoy un poco mareada, yo me aprovecho para manosearte a diestra y siniestra. Llegando a casa me deslizo entre tus sábanas sólo para desnudarte, acomodarte y quedarme con todas las ganas del mundo. Me voy con tu olor impregnado en todo mi cuerpo. A medio camino entre la puerta a tu casa y la que da a la calle titubeo en un par de ocasiones, pienso en regresarme y vaciarme sobre ti. Corrijo el paso y acelero, al llegar a la puerta ya me estás esperando y la única imagen que me queda son esas medias negras que ya te había quitado después de habértelas puesto. Me estás esperando bajo la luz de la farola, sonriente, los pies un poco amoratados de pisar las piedras sin calzado y con los brazos abiertos. Abro bien los ojos y no estoy seguro de nada de lo que hice pero si de lo que a continuación haré.

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