martes, 27 de diciembre de 2011

Ausencia

Cuando Bregovic tocó Ausencia en el Teatro de la Ciudad lloré. No pude evitarlo y corrieron las lágrimas. Recordé cuando también lloré con Underground y el llanto de Marco Zuluaga en Hable con Ella. No soy alguien a quien le guste que lo vean llorar pero no me importó.

Ahora que Evora está muerta un pequeño dolor en el estómago me embriaga. Es como si la muerte anduviera rondando este lugar. Hace apenas unos días también leí una sinópsis que decía: cuando el pensar como morir te hace comenzar a vivir. La muerte y la fascinación que tengo por ella...

El fin de semana fue de un mar de sensaciones. Una abuela me hizo sentir nieto nuevamente. Recordé a la que no le lloré su ausencia físicamente, pero que espiritualmente le he llorado por muchas noches y muchas tardes en las que no he tenido su consejo y su apoyo. Pero esa otra abuela que no es mía, me hizo sentir ese calor que sólo ellas pueden dar: las dos manos sujetas y el calor y las palabras sabias que sólo los viejos saben dar, después el calor de un abrazo sincero  sin pretención alguna sólo brindando calor. Irremediablemente de camino a casa recordé a mi ausente y lloré, como cuando Bregovic y como cuando no le pude llorar y no me paré en su despedida.


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