lunes, 23 de enero de 2012

Ballad of self destruction

Con el cigarro en la boca redondeas tus labios al retirarlo de ellos. Al expulsar el humo tu boca construye un pequeño tunel por donde exhalas. Relames, le regalas una mirada y vuelves a inhalar. Observas la ceniza consumir el papelillo, el tabaco. Golpeteas ligeramente con tus terzos dedos un extremo para ver como el excedente cae y en medio de la noche se convierte en fuego que alumbra como una pequeña luciérnaga que quiere ver que es lo que toca tu mano que queda libre, que se recarga sobre otra pierna que no es la tuya. La oscuridad te embriaga y el ligero mareo no es por tus pulmones saciados, es por tu mirada obnuvilada. Volteas y no estás en donde usualmente lo haces, mirando las gotas deslizarse de entre las hojas. Vuelves a acomodarlo entre tus labios y vuelves a jalar, como si fuera tu último aliento el que se está yendo, el que estás disfrutando. Alguien más te ve pero no le das importancia, si fuera ese alguien más te sonrojarías, pero no lo es. Recuerdas momentos ingobernables, indeseables y exhalas, construyes una danza con el humo que está saliendo de ti, que está dejando de ser parte tuya y se convierte en los demás como los recuerdos que perdimos, como las cosas que olvidamos. Miras con desdén lo que se convertirá en la última calada y decides no hacerlo, le darás una muerte digna, la que está llena de misericordia por no terminar con él, por no hacerlo sufrir hasta su extinción. Apagas su fuego, su calor y lo retiras lejos de ti, en donde no puedas siquiera recordarlo por su olor, por lo que te dejó, por lo que fue para ti. Perdida en la noche, en medio de un camino que nunca conociste y que no te interesa conocer, aprietas tu mano y miras al cielo, hoy está más despejado que en noches anteriores. Recargas tu cabeza sobre otro hombro que no es tuyo y disfrutas de estar lejos de todo, olvidando lo que alguna ocasión te atormentó y disfrutando de las sensaciones que esta noche están despertando mientras los demás duermen.

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