domingo, 8 de enero de 2012

En una ciudad de más de 20 millones de habitantes (tomando en cuenta el área metropolitana) y en un sábado populoso justo en el ombligo del país, nos fuimos a encontrar. Tu impresión y la manera en como la demostraste me sonrojó pero me llenó el cuerpo de calor y de amor. Me volví a sentir en esa banca llena de frío en Mundo E. Tú, que estabas hasta el otro lado del mundo, y yo aquí, viendo la vida pasar, nos volvimos a ver. El destino dice que jamás nos perderemos la sombra y que cuando no haya luz que la proyecte, tu luz lo hará. Además, como punto adicional, me encontraste en esplendor y me encantó. Me encontraste con esa maravillosa persona de la cual tanto te he contado (que roba mis miradas y mis pensamientos) y llegaste a ponerle la cereza al pastel de un día perfecto. Casi nos atropeyan, pero el conductor debía de entender que había miles de kilómetros en ese abrazo, miles de anecdotas, miles de horas sin vernos, miles de momentos que desearíamos haber compartido juntos, miles de experiencias, miles de conversaciones y todo expuesto a media calle en un hermoso abrazo.

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