domingo, 12 de febrero de 2012

Bulleit Bourbon

Desde el porche alcanzó a divisar toda la extensión del terreno. Los 1.2 metros de altura entre la crujiente madera y el piso me permiten ver hasta la orilla, hasta la cerca por donde en este momento el tractor conducido por mi hijo va arando un poco de los últimos tramos de esta fértil tierra que nos pertenece. El viejo espantapájaros que Molly confeccionó se para inerte al lado de las duras puas en las que esa vieja ocasión quedó atorado Maiky, ese viejo ladronzuelo de hortalizas, quien era conocido por robar ganado y prenderle fuego al maíz sólo por diversión personal. Al fondo, donde la tierra se convierte en el cielo y el cielo en nuestro hogar, las nubes se miran amenazadoras; si, se miran entre ellas de una manera que a cualquiera de nosotros, acostumbrados a lidiar con las lluvias y con la falta de ellas, sabemos como es que se miran. La vara de trigo que limpia los espacios entre mis dientes y el comienzo de mis inflamadas encías intenta tranquilizarme. El aguardiente que cargo con mi mano izquierda apaga un poco el fuego de mi temor a que el viento, inflamado, enrojecido, venga y acabe con lo único que tenemos.

Dentro las mujeres cocinan. Maiky (si, mi hermana tiene el mismo nombre de ese viejo ladronzuelo) prepara algo cosmopolita para nosotros, acostumbrados a la comida del campo. Ella viene de visita desde la gran ciudad capital. Le gusta visitarnos dos veces por año, llevarnos novedades y prepararnos alguna suerte culinaria que ha aprendido en sus refinadas degustaciones. Siempre consiente a mis hijos y les trae algunos regalos que seguramente los entretendrá en lo que nos resguardamos en el sótano. Maiky, que es de buen corazón, agita mucho el clima cuando viene. No se si es porque el campo no la quiere o todo lo contrario, el clima se vuelve loco con ella.

Al volver a la realidad caigo en cuenta que mi trago se ha consumido, que el viento es cada vez más fuerte. El tractor se ha quedado inmóvil, el espantapájaros ya no está y el viento comienza a consumir todo, mis hijos están dentro junto a mi mujer y gritan por mi. La agitación del maizal me excita y me exaspera un poco. Siento como mi pecho se eriza y mis venas se saltan. La naturaleza no puede ensañarse de tal manera con una persona, cuando menos hoy no. Disfruto el viento, disfruto la fuerza de la madre naturaleza. Disfruto de tener los pies descalzos, de la madera que cruje debajo de mi, de como el mundo cruje debajo de nosotros intentando comunicarnos algo. Intentando decir que ella es la dueña de todo y nosotros sólo estamos de paso.

Se consumió el Bourbon.

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