martes, 21 de febrero de 2012

Conviérteme en ese pequeño espiral que da vueltas al ritmo del viento, al ritmo del aire que exhalas por tu boca cuando hablas y respiras al mismo tiempo. No eres tan hombre; puedes respirar, verme, besarme y absorberme en un único movimiento. Deja que el viento nos acaricie desnudos, que juegue con nosotros, que nos erize la piel y nos provoque, si, esa paz, esa insalubre ansiedad, esa necesidad de perdernos en nuestros cuerpos. Olvídate de todo y permite que el viento nos lave. Escucha como el viento sopla.

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