miércoles, 21 de marzo de 2012

Shades of marble...

Somnoliento por el día e insomne por la noche. Me ato a tu recuerdo para no dormir al volante y me ato a tu recuerdo para comenzar a babear la almohada. 

En una noche desesperada de frensí indisoluble tiré la colilla por la ventanilla; el reloj marcaba las 4.56 de la mañana de un ya miércoles, no se de que mes de este año. Al tirarla vi como un halo de luz se formaba en la oscuridad, vi como golpeó algo obscuro y un fuerte olor a perfume se desprendió de él, perfume barato, entre avón y todo esa mezcolanza que se genera en el departamento de perfumería de la tienda departamental de tu preferencia. Después dirigir la mirada al frente, y el incremento de la fragancia, después miro por el retrovisor y una explosión a lo lejos. No puedo evitar el estremecimiento y me encojo de hombros, me voy sobre la banqueta y embarro el cofre sobre un bote de basura. Bajo rápidamente del coche, corro hacia donde sucedió la tragedia, el olor es insoportable: labanda, jazmín, mirra y 25% de alcohol inundan la ciudad (pienso que me gusta más el olor a pollo rostizado). Los peritos y el equipo de investigación judicial y de percances de este género trabajan ya, los bomberos enegrecidos por la ceniza volcánica generada tras el impacto corren gritándome que me haga a un lado. No puedo creer que esa pequeña luciérnaga que salió de mi boca fuera capaz de tanto. Regreso, subo al coche con el cofre abollado y vuelvo a manejar, a lo lejos veo como las sirenas se encienden y vienen sobre mi, acelero y olvido lo que se queda atrás, lo importante es tener los ojos bien abiertos y el corazón desbocado.

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