martes, 24 de abril de 2012

You could stay here...

Bien podría ser esta la mejor canción del mundo en este momento (y la vida está hecha de momentos)...


viernes, 20 de abril de 2012

Hardware conflict...

I bought a woman-izator
But it seems like it doesn't work
Kiss the chip, no reply
I will set it on standby

Unhumanization
It's a game you've never seen
Install her to my love machine
I control her on my screen

Hardware conflict
Please remove the new body
Network restrict
We're disconnecting your mind

Hardware conflict
Not compatible, I'm sorry
System addict
We're disconnecting your mind...

lunes, 16 de abril de 2012

Natural born killer...

Tengo un chingo de ganas de meterme a un cine porno y desollar a un gato en lo que observo, lascivamente, como el de al lado se la jala intempestivamente y de manera convulsa a su compañero de asiento. Por mientras todos los maullidos serán causa de una vigorosa y bien ponderada erección sobre esa gatita que vende los boletos a la entrada del lugar. En la oscuridad olvidé si era gata o gato, que más da... maúlla como si le estuviera quitando la piel a la que llega a que le de su lechita todas las noches a mi casa...

i am the killer of people 
you loook like a meatball 
i'll throw away your toothpick 
and ask for your giveness 



Uno de esos días de sueño en medio del trabajo...

Un semáforo en rojo me alcanzó sobre Calzada de la Viga y mis ojos se entrecerraban. Entre el cansancio, el calor y el sueño azotador, no resistía más a las luces rojas que me arrullaban como pequeños ángeles que ofrecen sus manos esponjosas como algodón y sus labios jugosos como naranjas recién arrancadas del mejor huerto californiano para el beneplácito de todos mis miembros cansados y poder dormir. Cuando sentí que mi cabeza colgó de mi pescuezo una imagen atronadora me hizo perder el aliento y sentir un pinchazo directito en el culo: estaba justo frente a mi mismo, mirándonos; mi otro yo estaba atravesando por el paso cebra de la mano de mi abuela, misma que acaba de cumplir seis años de muerta. Mi otro yo tenía aproximadamente 14 años por el viejo uniforme a cuadros de la secundaria. Y yo, pues yo ya olvidé cuantos años tengo. Nos miramos firmemente y me guiñó el ojo. Haló a mi abuela y me voltearon a ver.

Yo conducía una flamante limousine de Jaguar, 8.5 mts de largo, 12 cilindros y 24 bocinas distribuidas en todo el ancho y largo del vehículo; doble árbol de levas, celdas solares que tienen la capacidad de recargar un alternador que a través de sus 16 bobinas alimentan el mini bar instalado dentro. Mi sombrerillo que imita a un aviador pero bien puede pasar por el de un chofer de limousine evitaba que mis clientes vieran mis ojos rojos (además mis gafas oscuras oscurecían mi panorama desolador). Así que, para cuando voltearon a verme, mi otro yo, el que soñaba con triunfos, futbol y las nalgas de Winona Ryder, yo, que sueño con triunfos, futbol y las nalgas de Winona Ryder, no nos tomamos en cuenta y no nos percatamos que nos observábamos. Yo, paciente como un caballo salvaje en una jaula del Bosque de Aragón, esperé a que atravesaran hasta la otra banqueta, aún cuando suelo atropellar a las personas que se pasan el semáforo en rojo. Ellos, después de poner el pie sobre la banqueta, mordieron la enorme torta de milanesa que llevaban "made in la Balbuena" y a mi se me antojó tanto que tuve que hacer un alto en el metro Moctezuma para comerme semejante torta y dedicársela a aquella que se encargó de enseñarme el arte de comer tacos de suadero y chuparme enteramente los dedos de las manos.

Something's wrong cause my mind is fading
And everywhere I look there's my mind fading
Temperature's dropping at the rotten oasis
Stealing kisses from the leperous faces...


Got the Devil's haircut in my mind...

martes, 10 de abril de 2012

La invención de la soledad pt. 2

Y un poco de Morfina para el dolor de cabeza... 

Explota, explota, explota gritaban eufóricos. Unos y otros ladraban y aullaban ante la sensación de poder, de ira, de furia; misma que se veía reflejada en los puños apretados y los billetes que volaban por los aires. Yo, sentado en esa vieja silla de madera, respaldo despostillado en una esquina, sólo cerraba los ojos y tragaba el líquido que me era engullido con el embudo grasoso aún de cuando desperdicié más de litro y medio de gasolina por no atinarle y me decía en ese momento "que mal que sea hombre y no le atine" (pero siempre me pedías que no dejara que prendiera la bomba indicando en el tablero la ausencia de gasolina en el depósito y esa vez no te hice caso y tuve que caminar millas y millas buscando una estación abierta y pensaba en el regreso y que volvería y no estarías o estarías con los ojos iracundos y el revolver cargado). Apretaba los ojos y sentía caliente la garganta y mi estómago hincharse y en mi mente sólo podía depositar la imagen de tu silueta recostada en el futón y en esa costosa base de madera importada denosedondechingados que yo dije que era ratán traído en mula desde Chiconcuac. Abría los ojos sólo para asustarme y ver como mi abdomen se inflaba más y sentir el gas romper mi esófago mientras el cabeza de huevo me ladraba apenas a quince centímetros de mi rostro que me permitía oler toda su dentadura y las comidas que guarda aún dentro de su cavidad estomacal. Volvía a cerrar los ojos y ahí estabas tú abriendo y cerrando las piernas esperando que diera la estocada final, la del adiós, la de la invención de la soledad. Cuando dejé de escuchar ladridos y deje de imaginar los puños en el aire abrí los ojos. Pensé que estaría en situación próxima de ser atendido médicamente pero sólo fue un espejismo. Eructé como pocas veces en mi vida y bajé la cerveza. Me levanté de la silla despostillada en una de las esquinas y una de las patas venció ante mis 330 libras de grasa. Todos se acercaban a la mesa a sentarse, globos y billetes en sus manos, eufóricos por la última melodía del conjunto musical. El cabeza de huevo volvió a ladrarme/invitarme a bailar con todo su mal aliento de perro, volví a negarme y me dijo que es por eso que nunca consigo pareja. Por no saber bailar...

Cause you're just like me...
Cause you're just like me...
I know you...



jueves, 5 de abril de 2012

Día 4/Día 5

Cuando el mesero me pidió permiso para servir la leche caliente recargué ligeramente la silla en dos patas y puse mis dos manos entrelazando los dedos detrás de mi cabeza (pensé que si perdía el equilibrio y me iba de espalda, mis manos salvarían mi nuca). Entre mis piernas yacía una botella para la última carta con olor a mar y humedad de la buena. Mientras espumeaba y humeaba mi lechero me detuve a pensar en la ansiedad por esperar a verte a las 5 de la tarde en el malecón, sentía que tenía años sin verte y esos 35 minutos que faltaban para la hora me impacientaba; mis piernas temblaban, mi garganta necesitaba algo ardiente y mis manos sudaban copiosamente.

Cinco minutos antes pagué la cuenta, fui al baño a acicalarme y reparé en mis ojeras, delataban que no he estado durmiendo bien. Tan sólo tenía que atravesar la calle para encontrarme contigo. Tardé más de la cuenta en salir para no llegar antes que tú. Cuando atravesé el portal de salida de la Parroquia todavía no estabas sentada en la banca donde quedamos de vernos. Lamenté y maldije no haber tardado más. Cuando iba a media calle noté tu mirada clavada en mi y me distraje dos segundos. Segundos necesarios para ser arrollado por algún conductor suicida/homicida.

Cuando estuve de frente a ti olisqueaste mi cara y me miraste como si hubiera sido una eternidad la que no nos hubiéramos visto. Mordí ligeramente tu cuello y te erizaste. Apretaste mi espalda y subiste tu nariz por mi cuello hasta el oído, besaste mi mejilla y me soltaste un: te ha crecido el cabello. Mi sonrisa lo dijo todo. Me tomaste de la mano y enfilamos al bar más cercano. Un bar en el que el encargado de la barra no es tu amigo. Un bar en el que nadie te conoce. Un bar en el que nadie nos conoce. Bebimos hasta que nos capturó la noche. Bebimos hasta que nos nombraron débiles. Bebimos hasta que el final nos alcanzó.

Are you sorry that you love me?
Am I sorry I love you too?




martes, 3 de abril de 2012

Día 3

En medio de uno de esos momentos poderosos de introspección un frenón y el chillido de las ruedas contra el pavimento me devolvieron a la realidad. Me encontré virando en un sentido que nunca tomo. Una vereda me sacó y me llevó a lugares poco conocidos, la obscuridad se apoderó de todo y mi visión sólo alcanzaba a dilucidar aquello que los faros permitían. Después de un brusco brinco acompañado de un giro me reincorporé a un camino más o menos decente; empedrado. Ese nuevo camino me condujo hasta un grupo de cazonas sorprendentes, todas ellas llenas de nostalgia y melancolía de cien años atrás. Las farolas que iluminaban el lugar me recordaron a ti, las piedras lastimaron tanto la suspensión como lo habrían hecho con mis pies (en caso de ir descalzo). Disminuí aún más la velocidad al creer reconocer el lugar. Solitario, no escuchaba más que los ladridos de perros, hasta que al fondo alcancé a identificar la silueta de una mujer. Obnubilado, no sabía con certeza que hacía ahí, no me dejé llevar por mis instintos y no aceleré, permití que la silueta diera la vuelta sin ser percibido, entonces aceleré un poco y me detuve en la esquina, la mujer, de apariencia conocida caminaba descalza por entre el empedrado que parecía que apenas y rozaban sus pies las afiladas piedras. Descendí del vehículo y corrí hacia ella, ¿era quién yo creía que era?. Mi zancada no fue lo suficiente para evitar que entrara por ese viejo portal, noté, tal vez por mi delirio o mi carrera, que justo antes de entrar volteó a verme y sonrió un poco.

Cuando alcancé lo que yo creía que era el portal, una pared de tabique rojo me recibió de frente, la golpee, intenté escalarla y nada. Al desistir y darme vuelta desnudez y enojo me comía las entrañas al tiempo que un grupo de personas se burlaba de los remolinos de bello de la cual son presa mis piernas. El aire fresco de una mañana descomunal recorrió mis nalgas y se situó justo en el ombligo. Corrí como en mis mejores sueños en los que lo hago desnudo en medio de un largo pasillo escolar (si, un sueño muy norteamericano) hasta tropezar, caer y despertar a la realidad: mi cigarro estaba a punto de consumirse y la luz verde en combinación del sonido de una bocina me avisaron que era tiempo de despertar. Avancé pensando en el significado de la locura y la incertidumbre, de lo mal que me puedo conducir en algunas ocasiones y de los sueños en medio de calles empedradas y tu silueta.


All around me are familiar faces
Worn out places, worn out faces
Bright and early for their daily races
Going nowhere, going nowhere...



lunes, 2 de abril de 2012

Día 2

Despertar nunca me resultó tan poco complejo, lo difícil se situó en el momento en que mis sandalias no estaban en el mismo lugar y en él estaba una mancha de polvo que corrió cuando vio que, mecanicamente, mi palma del pie se colocaría sobre ella, usurpadora del lugar de aquellas que evitan el frío del suelo en mis pies. Me sorprendió que ese pequeño montón de ollín corriera, bostecé y froté mis ojos para intentar recuperarme del asombro. Busqué ese pequeño montoncillo de polvo con pies pero nunca lo encontré, me miré en el espejo, una arruga más alrededor de mis ojos y esa cana que crece a diario debajo de mis párpados, pensé que faltan tus dedos para jugar con ella y para jurarme que me la quitarás sin dolor para que no me estorbe al conducir.

Camino al trabajo pensé cambiar mi ruta hacia la tuya pero fui consistente con mis ideas. Las vacaciones no han sido mi fuerte desde que fueron robadas de mi vocabulario y de mi diario accionar. Las vacaciones se convirtieron en domingos en ferias y pueblos desconocidos que me hacían sentir como turista en mi propio hogar, mirando tierra que me pertenece y que nunca había pisado, aspirando olores próximos a mi, dueños de mi y yo dueños de ellos que aparecieron cuando jugábamos a no ser de aquí. Nuestras miradas se entrelazaban entre empresas multicolores y helados de sabores.

Pensando en todo lo mal que he hecho me sorprendió un semáforo en rojo y lo odié, esperando el color verde suspiré y recordé cuando deseaba que toda la ciudad fuera un semáforo en rojo para jamás movernos de él. Todo tiene que moverse y este segundo día aún no termina aunque en cierto modo tengo la sensación de que ya ha dado todo de si para mi.

Each day, spend it with me now
All my time, spend it with me now
But each day spend it with me now
All my time, spend it with you now
But out here, no one can here me now
Out hear no one can here me now



domingo, 1 de abril de 2012

Día 1

Podría comenzar a manejar este templo a la catarsis como una bitácora y de ser templo a catarsis, sería un visor y guía del tiempo. Tiempo bien representado por un viejo Dios barbado que en algún momento solía jugar conmigo cuando pequeño, me sentaba a sus piernas y me preguntaba: qué harás cuando pase el tiempo; yo sólo atinaba a contestarle: amar. Fiel a mis principios individuales e infantes continúo amante. Como buen amante del tiempo y de los domingos cuando se van disolviendo a lunes, buen amante de tu mirada llena de coquetería y a la vez de vergüenza. Considero este el día primero, el primero de muchos días que espero se consuman rápidamente, yo, más amante que nunca, miro al tiempo pasar, dar vueltas frente a mi mientras te escribo esto, desespera un poco, jala mi cabello y pisa mis callos que descansan en el suelo frío. Se sienta, me observa inquisitivamente y se da cuenta que estoy haciendo lo que le había dicho, cuando pequeño, que haría: amar.

Con especial dedicatoria, para los domingos, para esta revoltura de emociones, para ti:


Un cuento que me ha puesto a soñar es el mismo que hoy no me permite dormir. Catorce días son los que me separan de la incertidumbre; te espero seguridad del sábado que sabe a domingo, que sabe a vida y huele a coco. Catorce días que me quita el sueño como hoy y que no bastara con escuchar todos los lamentos del mundo hasta que pueda escuchar tu voz. Catorce días que me harán sentir que no te conocí, aunque me se hasta los bellos que nacen en tus pies y mueren en la ingle. Catorce días para dormir y soñar con diez meses incompletos de una vida juntos. Ocho horas y ya extraño tu silencio y tus ronquidos, ocho horas y anhelo tus viejos sueños y tus viejas inseguridades. Catorce días que me saben a dos vidas, vidas incompletas, vidas de las que apenas y recuerdo...