domingo, 1 de abril de 2012

Día 1

Podría comenzar a manejar este templo a la catarsis como una bitácora y de ser templo a catarsis, sería un visor y guía del tiempo. Tiempo bien representado por un viejo Dios barbado que en algún momento solía jugar conmigo cuando pequeño, me sentaba a sus piernas y me preguntaba: qué harás cuando pase el tiempo; yo sólo atinaba a contestarle: amar. Fiel a mis principios individuales e infantes continúo amante. Como buen amante del tiempo y de los domingos cuando se van disolviendo a lunes, buen amante de tu mirada llena de coquetería y a la vez de vergüenza. Considero este el día primero, el primero de muchos días que espero se consuman rápidamente, yo, más amante que nunca, miro al tiempo pasar, dar vueltas frente a mi mientras te escribo esto, desespera un poco, jala mi cabello y pisa mis callos que descansan en el suelo frío. Se sienta, me observa inquisitivamente y se da cuenta que estoy haciendo lo que le había dicho, cuando pequeño, que haría: amar.

Con especial dedicatoria, para los domingos, para esta revoltura de emociones, para ti:


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