martes, 3 de abril de 2012

Día 3

En medio de uno de esos momentos poderosos de introspección un frenón y el chillido de las ruedas contra el pavimento me devolvieron a la realidad. Me encontré virando en un sentido que nunca tomo. Una vereda me sacó y me llevó a lugares poco conocidos, la obscuridad se apoderó de todo y mi visión sólo alcanzaba a dilucidar aquello que los faros permitían. Después de un brusco brinco acompañado de un giro me reincorporé a un camino más o menos decente; empedrado. Ese nuevo camino me condujo hasta un grupo de cazonas sorprendentes, todas ellas llenas de nostalgia y melancolía de cien años atrás. Las farolas que iluminaban el lugar me recordaron a ti, las piedras lastimaron tanto la suspensión como lo habrían hecho con mis pies (en caso de ir descalzo). Disminuí aún más la velocidad al creer reconocer el lugar. Solitario, no escuchaba más que los ladridos de perros, hasta que al fondo alcancé a identificar la silueta de una mujer. Obnubilado, no sabía con certeza que hacía ahí, no me dejé llevar por mis instintos y no aceleré, permití que la silueta diera la vuelta sin ser percibido, entonces aceleré un poco y me detuve en la esquina, la mujer, de apariencia conocida caminaba descalza por entre el empedrado que parecía que apenas y rozaban sus pies las afiladas piedras. Descendí del vehículo y corrí hacia ella, ¿era quién yo creía que era?. Mi zancada no fue lo suficiente para evitar que entrara por ese viejo portal, noté, tal vez por mi delirio o mi carrera, que justo antes de entrar volteó a verme y sonrió un poco.

Cuando alcancé lo que yo creía que era el portal, una pared de tabique rojo me recibió de frente, la golpee, intenté escalarla y nada. Al desistir y darme vuelta desnudez y enojo me comía las entrañas al tiempo que un grupo de personas se burlaba de los remolinos de bello de la cual son presa mis piernas. El aire fresco de una mañana descomunal recorrió mis nalgas y se situó justo en el ombligo. Corrí como en mis mejores sueños en los que lo hago desnudo en medio de un largo pasillo escolar (si, un sueño muy norteamericano) hasta tropezar, caer y despertar a la realidad: mi cigarro estaba a punto de consumirse y la luz verde en combinación del sonido de una bocina me avisaron que era tiempo de despertar. Avancé pensando en el significado de la locura y la incertidumbre, de lo mal que me puedo conducir en algunas ocasiones y de los sueños en medio de calles empedradas y tu silueta.


All around me are familiar faces
Worn out places, worn out faces
Bright and early for their daily races
Going nowhere, going nowhere...



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