martes, 10 de abril de 2012

La invención de la soledad pt. 2

Y un poco de Morfina para el dolor de cabeza... 

Explota, explota, explota gritaban eufóricos. Unos y otros ladraban y aullaban ante la sensación de poder, de ira, de furia; misma que se veía reflejada en los puños apretados y los billetes que volaban por los aires. Yo, sentado en esa vieja silla de madera, respaldo despostillado en una esquina, sólo cerraba los ojos y tragaba el líquido que me era engullido con el embudo grasoso aún de cuando desperdicié más de litro y medio de gasolina por no atinarle y me decía en ese momento "que mal que sea hombre y no le atine" (pero siempre me pedías que no dejara que prendiera la bomba indicando en el tablero la ausencia de gasolina en el depósito y esa vez no te hice caso y tuve que caminar millas y millas buscando una estación abierta y pensaba en el regreso y que volvería y no estarías o estarías con los ojos iracundos y el revolver cargado). Apretaba los ojos y sentía caliente la garganta y mi estómago hincharse y en mi mente sólo podía depositar la imagen de tu silueta recostada en el futón y en esa costosa base de madera importada denosedondechingados que yo dije que era ratán traído en mula desde Chiconcuac. Abría los ojos sólo para asustarme y ver como mi abdomen se inflaba más y sentir el gas romper mi esófago mientras el cabeza de huevo me ladraba apenas a quince centímetros de mi rostro que me permitía oler toda su dentadura y las comidas que guarda aún dentro de su cavidad estomacal. Volvía a cerrar los ojos y ahí estabas tú abriendo y cerrando las piernas esperando que diera la estocada final, la del adiós, la de la invención de la soledad. Cuando dejé de escuchar ladridos y deje de imaginar los puños en el aire abrí los ojos. Pensé que estaría en situación próxima de ser atendido médicamente pero sólo fue un espejismo. Eructé como pocas veces en mi vida y bajé la cerveza. Me levanté de la silla despostillada en una de las esquinas y una de las patas venció ante mis 330 libras de grasa. Todos se acercaban a la mesa a sentarse, globos y billetes en sus manos, eufóricos por la última melodía del conjunto musical. El cabeza de huevo volvió a ladrarme/invitarme a bailar con todo su mal aliento de perro, volví a negarme y me dijo que es por eso que nunca consigo pareja. Por no saber bailar...

Cause you're just like me...
Cause you're just like me...
I know you...



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