domingo, 6 de mayo de 2012

El mejor regalo...

La vida me ha otorgado once meses cargados de vida. Le agradezco semejante regalo. Te agradezco semejante regalo. Me han, entre ambas, vida y tú, abierto los ojos. Abierto a sensaciones y cosas sepultadas, pasajes, vivencias, caminatas, estremecimientos que pensaba olvidados o carentes de sentido. Once meses que disfrute y que no tengo nada que reprocharles, tal vez, un poco, el que hayan sido tan veloces. Quisiera que esos once meses se hubieran ido tan lento como toda una vida, tan lentos como años viendo la lluvia caer con tus piernas sobre las mías meciéndonos y disfrutando del viento fresco y de las piernas entrelazadas, como nuestras manos, como nuestras vidas.

Al final siempre queda un resquicio de esperanza, de solícita necesidad de sabernos útiles el uno para el otro, de sabernos más amantes, el uno del otro, que nunca. Al final no tengo ninguna queja, tal vez, que el tiempo haya sido tan corto, tan veloz, tan efímero. Quiero dormir y al final suspirar. O tal vez que al verme suspires y haya pasado el tiempo.

Al final siempre queda el océano azul. Me lo debes todavía...


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