domingo, 30 de septiembre de 2012

La nostalgia del estómago vacío.

Me siento lleno de nostalgia; las cantinas están vacías, mi rodilla duele y mi estómago tiene un hueco circular. No tengo ganas de hacer nada y este fin de semana se ha convertido en un pequeño apocalipsis personal que quisiera derretir como la mantequilla en la sartén previo a preparar hot cakes.

No quiero amanecer y pensar que mañana es lunes y que todo vuelve a la normalidad porque no me gusta mi normalidad. Me gustan esos sobresaltos a tu lado, esos brincos en la lluvia y esas noches frías llenas de locura. Estoy perdido.

jueves, 27 de septiembre de 2012

Hidden Faces...

Betka puso la mano sobre a rodilla de Baba y palpó los ángulos de los huesos que la formaban, pequeños y puntiagudos, a través de la ligera tela de los pantalones. Después, con las manos unidas, ambos se miraron en silencio, y Betka descubrió por primera vez la infinita fuente de ternura que puede haber en tal caricia. Siempre acosada y atribulada, siempre arrancando estremecedoras pizcas de placer de una vida mordida por la ansiedad, había necesitado que el vacío de la eternidad se abriese ante ella para que le fuese posible experimentar, al fin, el misterio de la pasión de dos manos que se oprimen, ambas con los desnudos cuerpos de las coyunturas de los dedos moviéndose lentamente centenares de veces para entretenerse en infinitas combinaciones, lubrificadas por las lágrimas, sin alfojar su presión ni durante un solo instante.

domingo, 2 de septiembre de 2012

Quédate a dormir

"¡Y nada va a pasar que no queramos tú y yo!"

Un día tus ojos me llevarán a la inmortalidad. Ven a abrazarme que me derrito por quedarme dormido y sólo tú tienes la capacidad de darme esa tranquilidad.

Me gusta escuchar tu nombre con mi voz y escuchar mi nombre salir de tus labios, el movimiento calmo, pausado y cadencioso de tu boca moverse pronunciando mi nombre; la velocidad del sonido juega conmigo: primero se mueven tus labios y lentamente llega el sonido a mis oídos acariciándolos, penetrándolos. Después, al estar dentro, una explosión de placer nace dentro de mi, mis ojos se mueven sin sentido dentro de sus cuencas y tú te das cuenta del éxtasis que me provoca escucharte.

Hoy me guardé esa dicha, misma que no me deja dormir porque te imagino con los ojos cerrados, con los labios ligeramente entreabiertos, con un poco de saliva lubricando los dientes y una respiración acompasada con tu pecho; tu corazón ardiente espera por ser sujetado por la palma de mi mano, esa palma que soporta el más ardiente de los calores: el tuyo.