domingo, 2 de septiembre de 2012

Quédate a dormir

"¡Y nada va a pasar que no queramos tú y yo!"

Un día tus ojos me llevarán a la inmortalidad. Ven a abrazarme que me derrito por quedarme dormido y sólo tú tienes la capacidad de darme esa tranquilidad.

Me gusta escuchar tu nombre con mi voz y escuchar mi nombre salir de tus labios, el movimiento calmo, pausado y cadencioso de tu boca moverse pronunciando mi nombre; la velocidad del sonido juega conmigo: primero se mueven tus labios y lentamente llega el sonido a mis oídos acariciándolos, penetrándolos. Después, al estar dentro, una explosión de placer nace dentro de mi, mis ojos se mueven sin sentido dentro de sus cuencas y tú te das cuenta del éxtasis que me provoca escucharte.

Hoy me guardé esa dicha, misma que no me deja dormir porque te imagino con los ojos cerrados, con los labios ligeramente entreabiertos, con un poco de saliva lubricando los dientes y una respiración acompasada con tu pecho; tu corazón ardiente espera por ser sujetado por la palma de mi mano, esa palma que soporta el más ardiente de los calores: el tuyo.

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