miércoles, 19 de diciembre de 2012

Anyways...

Sentí el viento frío sobre mis mejillas y mis pies sentían las imperfecciones del uniforme camino. La última ocasión que grité a las orillas del rio fue esa vieja ocasión cuando, aún infante, decidí correr ladera abajo sobre el pasto. ¿Recuerdas que caí de rodillas y me levanté? Voltee a verte y sin fijar atención en lo que hacía volví colina abajo. Llegué y mojé mis frías y humedecidas mejillas por las lágrimas, ahogué el ardor de los huesos y lave la sangre que corría entre mis pantorrillas. Me desnudé y calé el agua con los dedos de los pies que se amorataron rápidamente. Lentamente mis pantorrillas fueron parte del agua y finalmente las ya ligeramente hinchadas rodillas. Cuando el agua alcanzó mis ingles, mis pezones sufrían ya una erección multitudinaria y cuando el ombligo se vio sumergido me ruboricé un poco al sentir electricidad justo debajo de la espalda y antes de las nalgas, en ese lugar que se me eriza en forma de diamante cuando me muerdes la nuca. Al llegar al cuello, sabía que todo estaba perdido, la conciencia fue más allá del agua y los peces, que comenzaban a juguetear entre mis muslos indicaron el camino a seguir. Al tapar mi boca, el agua comenzó a jugar con mis fosas nasales y mis ojos, ligeramente ansiosos, sabían que el momento había llegado. Finalmente la cabeza, la que pocas veces ocupé. El corazón ya frío al igual que las otras partes del cuerpo, fue el último en dejar de luchar, todo yo estaba perdido menos él.

Finalmente me impulsé bruscamente hacía arriba intentando subir y tomar una bocanada de aire puro, lo único que ingerí fue la esencia de la debilidad, el dulce olor de la perdición. Me embriagó el sabor de la derrota.

Perdí, pero sé que mi próxima victoria será la más dulce, sin importar cuanto tiempo tome.


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