jueves, 24 de enero de 2013

A veces, por las noches, no puedo dormir...

¿Qué habría sido de nosotros si esa camioneta negra de 8 cilindros, 250 caballos de fuerza y motor de 5.1 centímetros cúbicos en lugar de torcer en la esquina nos hubiera atropellado? Habríamos dejado de bailar juntos, habríamos dejado de rozar nuestros índices como gesto de unión, habríamos dejado de rozar nuestros pechos el uno contra el otro hasta producir la chispa que creó el fuego, habríamos dejado de enroscar nuestros pies el uno con el otro, habríamos dejado de meternos a hurtadillas en el baño de ese solitario lugar en el que habríamos dejado de bajarnos nuestros pantalones, habríamos dejado de mirarnos con curiosidad a apenas milímetros de distancia, habríamos dejado de rozar nuestros labios con timidez y habríamos dejado de sentir nuestras entrañas.

A veces, por las noches, no puedo dormir y muerdo tus pies, muerdo tus piernas y tu espalda. A veces por las noches no puedo dormir y me levanto, sonámbulo a manejar a casa inundando mi visión por los primero rayos del sol. A veces, por las noches, no puedo dormir y el olor de una noche de cabeza me abraza y me invita a volver a cerrar los ojos.

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