domingo, 6 de enero de 2013

Blues de la nostalgia por el futuro...

Aún recuerdo cuando era valiente...

En el verano del 54 fue cuando olvidé las llaves del Jaguar que hurtamos en esa polvorienta cafetería en donde el viejo Wallace nos persiguió con machete en mano mientras su esposa buscaba entre los cajones del mostrador las 8 municiones de su Smith and Wesson de 1899 con cañón de 5 pulgadas que insertaría en el culo de ambos o, si tenía suerte, en mi espina dorsal (su gorda y bonachona mujer y yo sabíamos que su sueño era verme tirado sangrando mientras me escupía en la cara).

Salimos aullando en la Ford 52 que estaba aparcada. La ruta aún no la sabíamos, ya sabíamos que en el futuro nos íbamos a devorar la ciudad, por qué no devorarnos kilómetros de un pasado que no recordamos. Mientras tu sintonizabas alguna estación que no fuera country y tarareabas ese viejo blues que tanto nos ha hecho llorar yo intentaba abrir la botella de bourbon con la boca; una mano la tenía en tu cintura y la otra en el volante.

El calor era intoxicante y tú no podías más así que comenzaste a despojarte de tus ropas. Temíamos que algún alguacil nos topara en el camino pero ibas decidida a plantarle tu mejor disparo en medio de las dos cejas. Con el pecho descubierto y únicamente con unas bragas diminutas, me miraste provocadoramente y una gota de sudor recorrió ese espacio entre tus senos que me gusta. Al sonreír, tus labios se despegaron entre si y una ligera y espesa partícula de saliva se desprendió de entre ellos. Tomaste la botella y miraste al horizonte.

Gonna walk down that dirt road
'Til everything becomes the same
I'll keep on walkin' 'til I hear her holler at my name

Cuando por fin llegamos, empujamos ambas puertas con determinación, plantamos nuestros pies sobre la sucia y polvorienta duela al tiempo que todos nos voltearon a ver. Nos miraron con recelo y resentimiento pero a nosotros no nos importó. Nuestras ropas sucias, harapientas y sudadas le indicaron a la sensual muñeca del otro lado de la barra lo que tenía que servirnos para cuando apoyáramos nuestros codos en ella (en la barra, no en ella, aunque ella suplicaba porque le apoyáramos todo lo humanamente posible de nuestros cuerpos; crujir costillas, apretar culos, morder clavículas hasta sangrar, apretar caderas con las piernas, sudar, fluir, temblar, eso habría deseado que le hiciéramos sentir).

Al salir la sangre chorreaba por todos lados, corríamos como siempre porque la muñeca detrás de la barra desenfundaba su Smith and Wesson del 59 con cañón de 5 pulgadas. En ese momento habría deseado no haberte coqueteado y mejor haberte enfundado el puñal que en ese momento guardaba en su cadera izquierda. Ya era demasiado tarde, el puñal ahora retozaba sobre la frente de su patrón. Al arrancar y pisar a fondo el acelerador volviste a mirarme como tantas veces lo habíamos hecho en un futuro que no conocíamos y me dijiste: nuestro pasatiempo favorito...


Dirt Road Blues by Bob Dylan on Grooveshark

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