sábado, 16 de febrero de 2013

Deutscher boys...

Algunas veces por la mañana, al despertar, siento la inmediata necesidad de levantarme, orinar, darme una ducha y disfrutar de la tibieza que los primeros rayos del sol nos brinda. Ser una persona de las que están de moda llamar proactiva, sentirme un ganador, saberme poseedor de lo suficiente para conquistar al mundo y sonreírle a la vida; caminar con la cabeza erguida, los brazos con la soltura de aquel que ha escrito el mejor de los libros de superación, saber que puedo apoyar y darle soporte hasta a mi peor enemigo, ser confidente y aún peor (o mejor, como quieran verlo), ser una buena persona.

Algunas veces por la mañana, al despertar, siento la inmediata angustia del sol salir y refugio mi cabeza entre las sábanas de franela que abrazan mi tímido, lánguido y lastimado cuerpo. Pensar en siquiera hacer un movimiento milimétrico me duele, así que con calma y mucho cuidado asomo para mirar la hora, pasa de medio día y en lo único que pienso es en lo mucho que falta para que vuelva a oscurecer. Pienso en masturbarme pero me da flojera tanto esfuerzo físico, pienso en salir y buscar amigos, beber, bailar, escuchar música estruendosa y aún mejor (o peor, como quieran verlo), ser una buena persona.


lunes, 11 de febrero de 2013

El parque de los últimos perdedores...

Cuando dejé de estar absortó ante mis pensamientos, el viejo seguía ahí, como la luna, siempre arriba de nuestras cabezas. Me miraba fijamente hasta que le ofrecí un cigarrillo. Lo aceptó con desconfianza pero ante la primer calada la desconfianza se desvaneció en un recorrer de sus nalgas hacia las mías. Como lo ignoré se levantó y se fue a molestar a unas palomas que, de no haber sido por él, habrían cagado mi blazer cardigan. Sudaba copiosamente y mi pañuelo nunca fue suficiente. No paraba de pensar en ti, en tu clavícula y en la triada de lunares que ilustran tu pecho.