domingo, 9 de junio de 2013

Mi medias negras.

No sabes que el primer día te miré de re ojo y tu miradilla terriblemente curiosa intentaba ver más allá. Me gustaste. La segunda ocasión hasta me regresé por ti, tú no sabías nada, yo tampoco, sólo había algo me llevaba hacia ti como marea alta y nocturna que se arroja a golpearse ante la arena, ante las rocas, que no sabe nada únicamente que quiere hacerlo, apasionadamente, impulsivamente hacia lo desconocido. Oscuro desconocimiento que, tiempo después se convertiría en iluminación, en brillante luz.

La tercera ocasión al verte sentada, con la cara cansada y sonriente algo en mi brinco internamente. Algo decía dentro de mi: "conócela". El tiempo pasó, las miradas comenzaron a hacer su parte, luego las manos, luego las caricias y luego las circunstancias: nervios, sonrisas tontas, manos sudorosas, palabras entrecortadas sin saber que decir, ojos indecisos y, sobre todo, pulso acelerado.

El pulso acelerado es lo que ha dictaminado mis últimos dos años. Mi corazón me avisa de todo, se ha convertido en mi aliado y el que mejor me ha indicado a donde debo de ir. Mi corazón esta noche no puede dormir de sólo recordarte. Tus miradas, tus sonrisas y tu llanto. Este corazón en estos dos años ha llorado de alegria, de tristeza y de amor. Este corazón esta hirviendo de ti, está deseoso de ser besado, de ser abrazado y de ser perdonado.

Este corazón que lleva dos años creciendo y gritando y corriendo; pide perdón por, justamente, estos dos años. ¿Por qué pide perdón? Por atrabancado, por bobo, por ancioso, por insistente, por pendejo, por celoso, por posesivo, por cursi, por meloso y por tantas cosas más.


Nunca este corazón y su dueño, nos habíamos confrontado con la felicidad, con la dicha y con unos ojos que llenan de amor y de necesidad. Te necesito.

Nunca este corazón y su dueño, nos habíamos puesto frente a frente con nuestro futuro y nuestra vida en tus ojos, que llenan de pasión y de fuego mis manos. Mi cuerpo nunca se había hinchado de esta manera al sentir tu proximidad.

Nunca este corazón y su dueño, nos habíamos sentido tan necesitados de paz, de tu paz. De tu bienestar. De tu sonrisa y tus suspiros leves.

Nunca este corazón y su dueño, nos habíamos sentidos tan necesitados de tener algo que ofrecerte, de poder decirte: vida mía, sigue complementándome y nunca te vayas, nunca me dejes, nunca dejemos de soñar juntos y de volver la vida un barco de papel que navegue en las aguas de nuestro amor, de nuestra felicidad, de nuestro futuro, de nuestra vida juntos.

Nunca este corazón y su dueño, nos habíamos sentido tan urgidos de tu vida, de tus piernas, de tu corazón. Porque esta cabeza explota por tenerte cerca, porque este corazón quiere a tu corazón pegado a él, porque esta vida no es vida sin ti, porque este mundo no vale la pena si no estoy contigo.

Porque dos años son pocos para mi, porque dos años son pocos para todas las vidas que quiero contigo, porque dos años sólo me han servido para conocerte una décima parte y tengo una vida completa para ti, para hacer un posgrado sobre tu vida, sobre nuestras vidas. Dos años que quiero multiplicarlos por mil. Dos años que quiero que te gritan quédate conmigo. Dos años que mueren por ser mil, que mueren por dormir contigo, que mueren por vivir contigo.

Perdóname. Víveme. Cómeme. Abrázame. Porque te amo. Irene.
Soy tuyo.

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